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José Elías Bonells. -Ex adjunto a la Jefatura al Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla

lunes, 3 de octubre de 2016

Los árboles como elementos de la estructura verde de la ciudad y el paisaje



IV CONGRESO INTERNACIONAL EUROPEO IFPRA  International Federation Park Recreation Administration Traducción libre por José Elías Bonells
 par J. Hekman y J. Meeus

Ya que hablamos de árboles, queremos indicar el árbol en todas sus manifestaciones. En particular, el árbol es indispensable para la supervivencia de la humanidad y condiciona el modo de supervivencia del ser humano. Existe, en efecto, una relación entre el hombre y el árbol, ya sea directamente (clima, temperatura, oxígeno, alimentación) o indirectamente (por ejemplo: cuando utilizamos los vegetales o los animales vivientes en los bosques). La degradación de nuestro planeta se hace más evidente en los lugares donde el árbol ha desaparecido en el curso de los tiempos.

Nos interesamos por el valor del árbol en nuestro entorno humano o utilizamos el árbol como un mueble, como un objeto decorativo. Después de algunas decenas de años, uno se ha esforzado en responder a una demanda creciente de árboles de porte modesto, generalmente en las ciudades que han dado lugar a operaciones de renovación, donde el arquitecto paisajista dispone de una elección limitada, ya que ha de tomar en cuenta cuidadosamente el porte futuro de los árboles.

Son elementos importantes para la elección de los árboles el suelo y el paisaje. El suelo, los recursos de agua, la historia del lugar y los árboles determinan el aspecto del paisaje. Holanda tiene los tipos de paisaje totalmente diferentes: los “polder” y los “kampen”. Los primeros son muy planos y no poseen árboles, sólo en largas líneas azules –canales, diques, “singles” y zanjas- y casas concentradas en los pueblos y las ciudades. Los segundos se caracterizan por un micro-relieve: muchos árboles, algunos bosques y un hábitat dispersado. Estos paisajes definen el contexto de la política holandesa en materia de árboles.

En zona urbana, las condiciones climáticas, pedológicas e hidrológicas son generalmente bastante menos originales, lo que quiere decir que los árboles y otros vegetales son menos dependientes del suelo. El medio urbano es tan artificial que los vegetales y los animales necesitan constantes cuidados para sobrevivir. Si los árboles pudieran expresarse, serían raros lo que quisieran vivir en el centro de las ciudades. Además, las condiciones del medio ambiente se degradan progresivamente en las ciudades, lo que reduce la duración de vida de los árboles. Por ello los ayuntamientos preparan los planes verdes y de plantación, en los cuales la elección de los árboles y la gestión a largo plazo de los espacios verdes tiene en cuenta el agua, el suelo y el tipo de paisaje. El resultado es comparable a un cuadro que respetara un equilibrio perfecto entre el marco y la pintura.

Si un ayuntamiento no establece un “marco permanente”, las generaciones futuras se encontrarán desprovistas, pero si se sigue el marco muy de cerca y uno pierde de vista la pintura, los usuarios se sentirán desposeídos de “sus” espacios públicos. Los detalles no son indispensables para el marco; ellos lo son para la calidad de la vida, ya que ellos expresan el espíritu de una época.

Examinemos la puesta en obra de un plan de estructura verde en la comunidad de Rheden, comunidad de siete pueblos de 50.000 habitantes situado al Este de Holanda. Dispone de bosques, de cursos de agua y ríos, de arenas y arcillas, de castillos y propiedades y de viejos nudos de comunicación. Hablaremos de la posibilidad de restaurar un marco antiguo y de introducir unas estructuras nuevas.

Al igual que a Rheden, donde los dos tercios de la superficie son ocupados por bosques, la disposición del espacio y de los árboles son tan importantes como los bosques que proliferan en el horizonte. No se pueden comparar simplemente sus funciones. Es fácil continuar reponiendo la naturaleza y el medio verde a medida que los pueblos y las ciudades se desarrollan, pero esto quiere decir que se pierden las relaciones que existen entre las zonas habitadas y su entorno inmediato.

Después de algunos años, decenas de ayuntamientos holandeses como Rheden han elaborado un plan de estructura verde. La concepción de los espacios verdes en las ciudades no se debe reducir a plantar verde en un espacio libre, sino adoptar una visión más amplia del espacio apoyándose sobre un profundo conocimiento de la cultura y de la naturaleza.

Existen grandes diferencias según los tipos de paisaje. El papel de los árboles, del suelo y del agua no es el mismo en los “polders” y los “kampen”, pero no es cuestión de establecer una jerarquía entre las calidades respectivas de unos y de los otros. Lo que cuenta es la coherencia del marco, del cuadro y de los detalles, la relación entre el corto término y el largo término, y el lazo o vínculo entre el dominio de una gestión a largo plazo y el cuidado aportado por los detalles efímeros.

Los planes de estructura verde y de gestión de los árboles deben tener en cuenta los impactos ecológicos contribuyendo a reforzar la identidad del establecimiento humano.

       J. Heckman y J. Meeus
       IV Congreso europeo IFPRA

El árbol es el elemento más importante en el paisajismo. Si interpretamos el valor “decorativo” de los árboles en términos de arquitectura, llegaremos a la conclusión que este término es usado con demasiada abstracción y subjetividad. Usamos la diversidad de valores “decorativos”. El arquitecto paisajista lo utiliza en la elección de los árboles. El valor “decorativo” es naturalmente apreciado por la específica apariencia del árbol.

1.-        Cuáles son los objetivos de un árbol-control
2.-        Qué está planeando la ciudad con respecto al arbolado
3.-        Con qué policía se cuenta

EL ARBOL CORRECTO EN SU MEJOR SITIO

En Holanda para cada 1.000 personas hay un jardinero.

RENOVACIÓN DE LOS GRANDES PARQUES. EL EJEMPLO DE BUTTES-CHAUMONT
                                                                                   Louis Marie Paquet
IV Congreso europeo IFPRA
EL ARBOL Y EL PAISAJE URBANO

INTRODUCCIÓN: LA NECESIDAD DE UNA RENOVACIÓN


Los grandes parques históricos de Paris, la mayor parte han sido realizados o modificados por Alphand y sus colaboradores, en la segunda mitad de siglo XIX. Algunos árboles de estos jardines han llegado a ser remarcables por su porte. Otros, más numerosos, muestran los signos claros de debilitamiento aumentado por envejecimiento. Los gestores deben pues mirar por la renovación de estas plantaciones originales. Después de cuatro años, la Dirección de Parques, Jardines y Espacios Verdes ha empezado la renovación de la avenida Foch, el parque Montsouris y el de Buttes Chaumont.

A través de esta última operación, expondremos las gestiones que nos han conducido a la concreción de un plan de renovación a largo plazo. En primer lugar, nos hemos vinculado a conocer a sus diseñadores y las técnicas utilizadas para realizar los efectos paisajistas expresados. Después, hemos ensayado aprender la evolución del parque, desde su origen a nuestros días. Enseguida hemos deducido nuestro objetivo: restaurar el carácter pintoresco del parque tomando en cuenta los impactos actuales.

La elaboración del proyecto se iniciaba. Al fin habíamos empezado la realización sobre el terreno de este plan de renovación.

CONOCER LA DECISIÓN DE LOS DISEÑADORES

El estudio de renovación de un parque no se puede hacer sin haber analizado los objetivos que han precedido a su creación: elección del lugar, objetivos de la creación inicial, técnicas de la época...

Buttes-Chaumont estaba, como su nombre indica “chauve-mont”, una colina desguarnecida de vegetación dotada de un pasado tenebroso. Fue el emplazamiento del tristemente célebre patíbulo de Montfaucon, después, el vertedero de las inmundicias de Paris. Además de la cantera de extracción de yeso antiguamente, fue ampliado en el siglo XIX, lo que precisó rápidamente el cierre de las canteras subterráneas por razones de seguridad.

La originalidad de Buttes-Chaumont es el carácter mismo del lugar, grande (25 Has.), no edificables, respondía a los deseos de Napoleón III de dotar a París de un parque en el Norte de la ciudad. Terminado en 1862, fue confiado al ingeniero Alphand para su conservación, junto con el horticultor paisajista Barillet-Deschamps y del arquitecto Davioud. Ellos tuvieron la idea genial de transformar los impactos topográficos principales de la explotación de yeso, creando un parque pintoresco de aspecto montañoso.
El parque está organizado alrededor de algunos elementos fuertes: cuatro puntos altos conectados visualmente unos con otros y plan central de agua, su isla y sus acantilados de yeso simulando un “mini etretat”, la cascada y los puentes. Sigue el ritmo con una sucesión de perspectivas y de barreras vegetales destinadas a sorprender al paseante. Este trabajo lo ha convertido en el más pintoresco de los parques parisinos.

Para comprender en el detalle los efectos paisajísticos y la manera como fueron realizados, hemos estudiado un plan de composición, las obras técnicas de la época y las fotografías y grabados originales. Se ha podido constatar que Alphand y sus colaboradores estaban muy preocupados de obtener efectos rápidos, por contra estaban muy discretos sobre las reglas de mantenimiento y conservación a tener en cuenta.

Árboles piramidales han sido plantados aislados o en grupo sobre las praderas y los arbustos plantados densamente han constituido las masas vegetales. Los acantilados y el “mini etretat”, que simula la isla central, han estado tallados con dinamita a partir de las antiguas canteras. La tierra vegetal ha sido aportada de tierras de las huertas colindantes, de La Villette por ejemplo, que en aquella época no era nada más que una aldea rural.


ANALIZAR LA EVOLUCION DEL PARQUE DESDE SUS ORIGENES A NUESTROS DIAS

La segunda etapa de nuestras investigaciones ha sido la de la evolución del parque, desde su creación a nuestros días, evolución no solamente del patrimonio vegetal, sino también de su entorno urbano y de la frecuentación.

Evolución de la vegetación

Nuestros datos consistían en un primer inventario realizado en 1.950 y un segundo que nosotros habíamos efectuado en 1.987.

El examen y la comparación de estas informaciones mostraban varios fenómenos.

Mientras habíamos constatado un envejecimiento del patrimonio arborícola. La circunferencia media de los árboles ha progresado 10 cm. en 40 años. El número de árboles ha bajado por la desaparición de sujetos en periodo decadente o debilitados. En fin, el ritmo de renovación practicado durante este periodo correspondería a una duración media de vida de los árboles de este parque –en el que un tercio está muriéndose- 100 a 120 años.

Enseguida, habíamos notado un notable aumento de la cobertura del suelo, debida no solamente al crecimiento de los árboles existentes, sino de las plantaciones posteriores a la creación. Así que numerosas perspectivas originales habían desaparecido.

Nuestra tercera constatación fue el empobrecimiento de la paleta de especies debido al peso de las modas hortícolas de estos últimos años. Algunas especies han progresado notablemente, los cedros, los ginkgos, los abedules, los prunus, los chamaecyparis, a costa de especies más raras.

En fin, la calidad de las plantaciones recientes es realmente decepcionante. Demasiados árboles jóvenes han sido plantados bajo la cubierta vegetal, condenados y dominados desde el principio.

Hemos constatado así mismo el fracaso sobre la gestión cotidiana a largo término, golpe por golpe del patrimonio arbóreo de un gran parque. Un plan de renovación se revelaba más que nunca necesario.

La evolución del entorno inmediato

Cuando la creación del parque, su entorno era muy diferente. La orilla este de Buttes-Chaumont bordeada de tierras de huerta. Los diseñadores habían aprovechado este entorno para incorporar perspectivas hacia el campo o el horizonte. La urbanización de París ha transformado este parque en jardín urbano. Perspectivas otra vez interesantes han perdido su interés, ya que ahora se vislumbran edificios de calidad arquitectural más o menos discutible. Conviene, en este caso, acelerar la “colmatación” de estas perspectivas ayudándolas a su evolución natural o provocándolas por plantaciones nuevas.

Se ve, a través de este ejemplo preciso, cómo un plan de renovación no puede y no debe ser un plan de restauración a lo idéntico, sino más bien la adaptación de un plan y de conceptos de la época de creación teniendo en cuenta los impactos y las situaciones nuevas.

La evolución de la frecuentación del parque

El papel casi exclusivo de paseo del parque, según la concepción de Alphand, ha evolucionado mucho. Hoy el parque debe asegurar otras funciones. Juega un importante papel como reserva de la naturaleza, dando una imagen de paz y de duración apreciada por los adultos y las personas de edad. Igualmente se ha convertido en un espacio de expansión y de ocio para los deportes (jogging,) y los niños. Dos áreas de juego han aparecido después de la creación del parque y tienen que ser repensadas de acuerdo con el lugar que ocupan.


CORREGIR LAS EVOLUCIONES NATURALES ESCOGIENDO UN OBJETIVO COHERENTE

El parque de Buttes-Chaumont se revela pues como una obra acabada de un equipo de diseñadores, pero transformada por la evolución de las plantaciones originales y la gestión cotidiana de los jardineros y los podadores que han actuado durante más de un siglo.

Con el fin de ponderar en qué medida estas evoluciones eran reversibles, se modelizó el crecimiento de los árboles sobre el plan masa original. Este trabajo ha permitido simular el aspecto que tendría el parque si se hubiera respetado el proyecto original en relación al jardín de la forma que se presenta actualmente, hemos constatado la importancia tomada por las plantaciones posteriores a la creación. Este fenómeno se observa en particular en el contorno del parque donde se ha formado una pantalla verde. Allí esta evolución se justifica por la urbanización del entorno.

Enseguida, para estimar la continuación de la gestión día a día, hemos simulado el crecimiento de árboles jóvenes sobre el plan masa, apoyados en una fotografía aérea. Esta simulación muestra el peligro de una reducción aún más importante de perspectivas originales: los macizos arbóreos, como ha mostrado el estudio de la vegetación, se debilitaban en provecho de especies más banales. Los acantilados se cubrían de vegetación espontánea y el pico del “mini- Etretat” desaparece bajo los ailantos. La imagen del parque se banaliza, su carácter pintoresco desaparece. Buttes-Chaumont pierde su alma.

El objetivo del plan de renovación se impuso pues por si mismo: restaurar el pintoresquismo del parque, sus contrastes, sus riquezas, todo, teniendo en cuenta las modificaciones relacionadas con la urbanización del entorno inmediato a la frecuentación y a la existencia de un patrimonio arbóreo.

La elección del objetivo está decidida, pudimos elaborar el proyecto de renovación propiamente dicho. Se articuló sobre tres grandes ejes: los árboles, los acantilados y, en una menor medida, los arbustos y las praderas.

Los árboles

Los árboles tienen una importancia primordial. Ocultan y delimitan perspectivas, aportan un aspecto natural. Los árboles centenarios aportan al parque un caché especial. Los árboles son el armazón del parque, necesitan una atención particular.

Citemos por memoria las podas, habituales en cualquier viejo parque urbano. Detallemos ante todo las intervenciones más duras de la tala. El plan de renovación prevé algunos casos de tala sin replantación. Son las talas de clareo para favorecer el crecimiento de los árboles del futuro y las restauraciones de perspectivas. Este último tipo de talas está organizado de forma de respetar la evolución sanitaria de los árboles para evitar exponerlo inútilmente al público. El plan de renovación comprende igualmente talas con replantación, ya sea con grandes árboles de gran densidad, en el caso de macizos de árboles homogéneos, ya sea de grandes árboles aislados en las praderas. Al final, la renovación de masas de arbustos y de árboles está prevista según una técnica derivada de “taillis-sous-futaie” (monte bajo) para conservar la permanencia de las capas vegetales.

Los arbustos y las praderas

Los macizos de arbustos serán renovados según el calendario escogido para los árboles con el fin de aprovechar el aclareo propiciado por las talas. Las praderas sometidas a una fuerte presión del público continuarán siendo resembradas regularmente. La instalación de una red de riego automático las hará más resistentes.


ASEGURAR LA REALIZACIÓN DEL PROYECTO

Desde la elaboración del proyecto, los gestores y periódicos han estado estrechamente asociados con el fin de integrar sus proyectos en un corto plazo y determinar las aspiraciones del público. Además, será necesario que este proyecto sea el suyo, ya que ellos deberán asegurar su realización.

La financiación del proyecto, que es un plan de renovación decenal, ha sido prevista en los presupuestos de la Dirección de Parques y Jardines y Espacios Verdes bajo la forma de un costo anual regular.

La información a los políticos, a los ciudadanos y a los usuarios debe ser organizada al detalle: exposición del proyecto en el Ayuntamiento, discusiones con los usuarios agrupados o no en asociaciones, información a la prensa. Hace falta evitar que falsas informaciones sean difundidas antes del inicio del proyecto: en efecto, nada es más perjudicial que dejar desarrollar dentro del espíritu de los ciudadanos falsas ideas sobre lo que será la renovación de un parque: el sólo nombre de “renovación” hace imaginar cientos de árboles talados, un cataclismo sobre el parque... Esta información previa debe ser completa, precisa y realizada en un buen momento. Además, en cada fase del trabajo, la información debe estar asegurada por paneles informativos colocados en el lugar de las obras, haciendo eventual mención a la exposición general del proyecto expuesto en principio en el Ayuntamiento.

Hace falta indagar que estos planes de renovación han estado sometidos a la Comisión del Patrimonio: esta institución autonómica o nacional, según la importancia del proyecto, es exigida sistemáticamente por el Ayuntamiento de París para dar, según el caso, advertencias reglamentarias o consultivas sobre los grandes proyectos de espacios verdes y en comprometer el futuro de forma significativa: es uno de los elementos de consenso que parece importante de obtener para garantizar el pleno resultado de los proyectos de esta naturaleza.

Los trabajos estarán asegurados no sólo por la empresa, gracias al presupuesto previsto cada año, sino también por la administración, según las competencias requeridas. Así que la limpieza del pico y los acantilados, en el primer tramo del último invierno, ha estado ejecutado por máquinas del Departamento de Parques y Jardines y Espacios Verdes: trabajo delicado y peligroso si se tiene en cuenta la fragilidad del yeso.

Los acantilados

Para restaurar la imagen del “mini Etretat” de la isla (mini acantilados) y el contraste minero-vegetal, los acantilados serán desbrozados. Además, las cortas serán realizadas en particular cerca del arco, actualmente tapado por un fresno y un Acer negundo. Este trabajo paisajista se revela más necesario para salvaguardar los acantilados carcomidos por las raíces, en particular los ailantos. Una restauración más en profundidad de estos acantilados constituidos esencialmente de yeso frágil, deberá ser considerada después de un estudio de un consulting especializado. En efecto, el yeso se descompone bajo la acción del agua y es necesario encontrar una protección apropiada.


CONCLUSION: UNA GESTIÓN PARA CONDUCIR BIEN LA RENOVACIÓN DE JARDINES HISTÓRICOS

La experiencia parisina muestra en primer lugar el límite de la gestión día a día de un patrimonio vegetal, que puede suponer un alejamiento considerable de los principios que han guiado la estructuración del jardín. Se hace notar igualmente la imposibilidad de restaurar un parque histórico a la letra, teniendo en cuenta la evolución del entorno y sus usos, así como el patrimonio vegetal que se ha formado a través del tiempo.

En cuatro años, el D.P.J.E.V. ha evolucionado hacia estas gestiones: comprender el espíritu del parque, encontrar lo que lo caracterizaba, identificar los inconvenientes actuales con referencia al envejecimiento general del patrimonio arborícola, para elaborar y realizar un proyecto en estrecha colaboración con los gestores del terreno, asegurando una completa información al público y a los políticos.

Buttes-Chaumont es un caso de escuela. Este parque, muy homogéneo al contrario que otros jardines parisinos varias veces retocados (Tuilleries, Trocadero, Luxembourg...), presenta un carácter muy claro, muy afirmado. Esta rodeado de un cinturón de inconvenientes. Es un lugar de prestancia, un espacio forestal de prestancia: es muy frecuentado, celebrado y necesita de importantes y urgentes intervenciones a causa de su envejecimiento.

Este ejemplo debe ser usado con precaución. La gestión debe ser aplicada en su espíritu, pero será peligroso aplicarlo en su estricto consenso.
 
IV CONGRESO INTERNACIONAL IFPRA.-Febrero 1996

MARSELLA Y SUS PARQUES Y JARDINES.

UN DIÁLOGO PERMANENTE CON EL PÚBLICO

Manya J.P.           
                                                                                               Director de Ecología y
                                                                                               Espacios Verdes. Marsella

Marsella, con sus condiciones climáticas específicas, cuenta con 489 espacios verdes públicos insertados en su tejido urbano. Estos lugares, particularmente frecuentados, implican la necesidad de asociar el público a su concepción y gestión.

Además, esto conduce a seguir la evolución de las prácticas de los usuarios.
Es por ello que en varias ocasiones, el municipio ha lanzado cuestionarios destinados a la población, particularmente interesada en la realización de parques y jardines.
Estas gestiones se han considerado pertinentes y positivas. Han sido renovadas regularmente.

Por otra parte, las reflexiones de los técnicos se esfuerzan por las sugestiones aportadas a través de esta toma de contacto.

Sus proyectos se elaboran con los elementos que permiten adoptar soluciones armoniosas, correspondientes a las aspiraciones de los diferentes usuarios.

Además, sus comportamientos motivan en consecuencia las mejoras o modificaciones, así como el reajuste de necesidades imprevisibles que hace falta ensayar.

Esta fórmula es a la vez social y económica.

Este tipo de acercamientos llama a la evolución de las personas dispuestas a regir los parques y jardines.

Sin embargo, no hace falta perder de vista su vocación esencial y el papel ecológico primordial que es el suyo, con vistas a frenar la trepidante vida en una gran ciudad.

Marsella, sobre una superficie de 24.000 has., cuenta cerca de 10.000 has. de espacios no construidos. Sobre esta extensión, están repartidos los 489 espacios verdes públicos de los cuales más de 100 son parques de 1 ha. insertos en el tejido urbano.

Estos son los que serán objeto de nuestro estudio.

En esta ciudad de 900.000 habitantes, las condiciones ecológicas que permiten la creación de parques y jardines urbanos no son particularmente favorables. Esta es la razón de un clima mediterráneo que somete a las plantas al rigor de la sequía estival y el frío invernal. Es decir, que la creatividad de los diseñadores y gestores está continuamente puesta a prueba, en el marco de estudios de proyectos de concepción o mejora de los espacios verdes.

Además, estos lugares son particularmente frecuentados en razón de la dulzura del clima durante todo el año. Esta es una razón suplementaria para asociar estrechamente al público a su concepción, elaboración, gestión y animación.

En 1970 había menos de 100 espacios verdes públicos urbanos en Marsella.

En 1989 hay cerca de 500. Es interesante de sobrevalorar este desarrollo y sus diferentes aspectos, en particular en la óptica de respuestas a los temas evocados durante este coloquio.

Al inicio de 1971, el municipio se fija un programa ambicioso: el de realizar 1.000 puntos verdes y dar a cada habitante 10 m2 de parques y jardines urbanos. Estos objetivos estaban fijados a un término de 20 años.

¿CÓMO DESCUBRIR LA EVOLUCION DE LOS ANHELOS Y LAS PRACTICAS DE LOS USUARIOS? ¿QUÉ RESPUESTAS APORTAR?
Para ello el municipio ha lanzado un cuestionario a 120 Comités de los Barrios de la ciudad (AA.VV).

Se les solicitaba, en un periodo de tres meses, trasladar todas sus sugerencias en cuanto a superficies, a necesidades y sobre todo se les proponía la localización de espacios verdes.

Esta cuestión ha tenido un gran éxito, el Ayuntamiento ha podido así tratar más de cien cartas, ricas en ideas y constructivas.

La población estaba particularmente interesada en la realización de parques y jardines de un tipo nuevo.

En efecto, hasta entonces, el Ayuntamiento había utilizado los parques del siglo XIX, la mayoría, propiedades privadas expropiadas y convertidas en jardines públicos, y en ellos, no había habido realmente de creaciones nuevas del siglo XX.

¿CÓMO PRESERVAR LOS ESPACIOS NECESARIOS?

Los urbanistas por el lado del PLAN DE OCUPACIÓN DE SUELO. - POS (PGOU) han situado, en relación con los servicios técnicos competentes, un dispositivo de reserva de terrenos.

Sus reflexiones han sido largamente apoyadas por las sugerencias del público, enunciadas en la correspondencia recibida o en las reuniones con las asociaciones.

Esta planificación, en el marco de los documentos urbanísticos, ha sido completada por un plan de acciones financieras.

Así, se han podido adquirir los terrenos gracias a los diferentes procedimientos posibles permitidos por la ley.
Simultáneamente, un proceso que permitía asociar de forma metódica el conjunto de los técnicos concernientes, los políticos, el público, han estado puestos en común.

La gestión de realización es la siguiente:

  • Elaboración de un programa de parque con los elementos recogidos a través de los diálogos con las asociaciones representantes de los ciudadanos. 
  • Para la ayuda de este trabajo efectuado por la Dirección de Espacios Verdes y, muy frecuentemente por la Agencia de Urbanismo, se ha formalizado un anteproyecto siguiendo una o varias variantes.
  • Este anteproyecto ha sido nuevamente discutido con los mismos ciudadanos. Esta fase puede ser prolífica en reuniones y exigen algún tiempo según el caso.
Es en este momento cuando debe encontrarse una solución armónica y común a las aspiraciones frecuentemente divergentes de los diferentes usuarios. 

  • En la realización de un proyecto de ejecución. Sólo los técnicos trabajan en ello.
Después de la entrega del proyecto, el público puede ser asociado o no a la evolución del lugar y a la gestión.
Para ilustrar esta gestión, que ha estado aplicada en decenas de casos en Marsella, hemos tomado dos ejemplos de espacios verdes urbanos característicos. 
 
  • El Parque de la Esperanza, en el distrito de Canet XIVer
  • El Parque Balneario El Prado en el distrito Sur VIIIer

LA REALIZACIÓN DEL PARQUE DE LA ESPERANZA EN EL DISTRITO NORTE DE MARSELLA

En los años 70, la ciudad había adquirido un terreno de 6 has. a lo largo de la autopista urbana y seis en medio de grandes construcciones. Inicialmente, estaba prevista la construcción de viviendas sociales. Pero la población se ha opuesto por gestión enérgica a la realización de esta operación. Ellos suspiraban la creación de una zona verde.

El Ayuntamiento ha propuesto entonces un compromiso de partir el terreno en dos zonas. Una parte sería dedicada a parque y la otra a viviendas.

Los ciudadanos han rehusado esta solución de nuevo. El Ayuntamiento ha aceptado pues condicionar el espacio de un Parque. Los habitantes del barrio se han reagrupado en un Comité de Usuarios del Parque. Este organismo representaba una decena de asociaciones socio-educativas entre las que estaba la Asociación de Animación de Grandes Urbanizaciones.

Las proposiciones del programa fueron hechas. Se trataba de imaginar un nuevo espacio verde. El terreno tenía pocos árboles, la imaginación podía ejercerse libremente. Fueron introducidos en el programa nuevos elementos: jardines pedagógicos, un terreno de deportes, no previsto para competiciones, una casa de los usuarios, etc...

La Dirección de Ecología y de los Espacios Verdes, que es el promotor de los Espacios Verdes de Marsella, ha tomado la responsabilidad de la concepción de las propuestas formuladas. Así fueron concebidos una decena de programas como anteproyectos y las discusiones han durado varios años. Ha hecho falta la paciencia y la perseverancia para redactar un proyecto definitivo. Fue sometido a la aprobación de los políticos de la “Marie d’arrondisements et la Marie Centrale”.

Los primeros esbozos de gestión de este lugar han sido propuestos en marzo de 1978 y ha sido en marzo de 1989 que se ha decidido su puesta en servicio. La gestión de este parque es de tipo clásico, el mantenimiento realizado por jardineros y la seguridad asegurada por vigilantes.

La gestión de los jardineros pedagógicos ha estado confiada a una asociación especializada. En cuanto a la Casa de los Usuarios, esta en curso de gestionarse. A la hora actual, se cuestiona una gestión por una asociación especializada para el conjunto del parque.

Los usuarios están satisfechos de esta realización. En función de un comportamiento, se realizarán mejoras en tal o cual dominio.

También los monopatines han tenido cabida en el parque, aunque en principio no se habían previsto, estos son los reajustes de necesidades imprevisibles que ha habido que incorporar. Esto muestra que es importante no definir demasiado los espacios, si no que hay que reservar algunos para el futuro.

EL PARQUE BALNEARIO DEL PRADO


En los años 60, la ciudad de Marsella había formulado en su plan de urbanismo la idea del acondicionamiento de nuevas playas sobre la banda costera. En efecto, esta gran aglomeración estaba totalmente desprovista de un balneario conveniente.

En 1970 el proyecto de las playas del Prado fue normalizado. Se trataba de ganar 40 has. al mar, a fin de favorecer la construcción de playas y también de varias construcciones.

La población fue consultada. Se refutó la idea de la implantación de viviendas, para no construir nada más que parques y algunas construcciones socio-educativas.

La ley apoyó esta posición, incitando al Ayuntamiento a no realizar más que espacios con idea de parques.

Muchos proyectos fueron sometidos a discusión, en el marco del Comité “Marco de vida Sur”, reuniendo políticos y asociados.

Fue así como fueron progresivamente realizados, de 1975 a nuestros días, una buena parte de estos equipamientos. Los trabajos aún no han terminado. Pero se puede ya apreciar un conjunto de parques particularmente originales e importantes. Mientras, ha hecho falta encontrar soluciones para establecer un diálogo permanente con el público.

Una pregunta surgía sin cesar ¿cómo conocer la evolución de las necesidades de uso?

Este lugar recibe muchos millones de personas por año. Hace falta, al objeto de su aplicación, un reglamento estricto para su protección.

En 1986 una primera encuesta fue remitida, que ha permitido agrupar una serie de demandas. En 1988 una segunda encuesta, más elaborada, ha sido difundida al público. El acento ha sido particularmente puesto sobre las necesidades deportivas de los marselleses y los numerosos turistas que frecuentan el lugar.
De nuevo, las voces de cada uno han podido ser escuchadas y tratadas. Estas peticiones son realmente pertinentes y positivas. Serán renovadas regularmente.

Además, se cuenta con atenderlas en otros parques y jardines de la ciudad. Bien entendido que hace falta hacer una selección de todas las sugestiones y evaluar su factibilidad en función de los medios y necesidades de la ciudad. Por el contrario, otros espacios urbanos hacen llamada a la concertación estrecha con el público.

Cinco casos interesantes hay que mencionar.

En efecto existen tres terrenos de aventura gestionados por las asociaciones y dos parques urbanos con contratos con las asociaciones de vecinos.

Desde luego, esta fórmula no es aplicable al conjunto de los parques y jardines. Esta implica sobre todo espacios de carácter rústico. Uno ha constatado que es una fórmula a la vez social y económica.

Este acercamiento llama hacia una evolución del personal que son inducidos a cuidar los parques y jardines.

Desde los ingenieros hasta los obreros, pasando por los policías municipales afectos a la vigilancia, cada uno debe adaptarse a hacer prueba de una gran apertura de espíritu, al mismo tiempo de ser desarrollado por los contactos y los cursillos programados al efecto.

La ciudad de Marsella ha hecho un esfuerzo particular en este sentido.

Todas estas evoluciones no deben hacer perder de vista la vocación esencial de los parques y jardines urbanos. Su papel ecológico es primordial. Con mirar la gran trepidación de la vida de una gran ciudad es suficiente. Estos están destinados a aportar al público la serenidad y tranquilidad que ellos tienen derecho.
Esto significa que los espacios verdes del futuro deberán indefectiblemente dedicarse a privilegiar estos aires de quietud. Paralelamente a ello, los urbanistas deberán prever, ya sea en estos lugares, sea en los márgenes, zonas para acoger las actividades de animación. Estas, en razón de atender la población, deben poder encontrar su sitio en la ciudad o en sus alrededores inmediatos (parques de ocio o parques recreativos).

Los dispositivos para tener en cuenta estas aspiraciones del público deben ser objeto de investigaciones y perfeccionamientos constantes.

IV CONGRESO INTERNACIONAL IFPRA.-Febrero 1996

VANDALISMO, SEGURIDAD, VIGILANCIA, INFORMACIÓN EN LOS PARQUES Y JARDINES PUBLICOS

                                                                                   Loubet D., Thuaur

                                                                                   Ayuntamiento de París. Francia

Esta comunicación analiza, en Francia y en Europa, la magnitud del vandalismo y de sus degradaciones en los espacios verdes, así como las acciones llevadas a cabo para presentarle cara. Una reflexión más general, incluye no solamente los problemas relacionados con el vandalismo y la seguridad, si no todo lo que gravita alrededor de estas nociones: recepción, información...

Esta comunicación es una síntesis de un trabajo de fin de estudios realizado en el marco de un master de la E.N.P.C.

Hoy en día, el espacio verde ha derivado a un equipamiento urbano funcional, lugar de expansión, de descubrimiento, de contacto con el espacio vegetal, teatro de reencuentro y de actividades variadas, tiene un impacto nada despreciable en el equilibrio psicológico de los ciudadanos. Todo daño a este espacio será resentido por el mismo.

Como espacio abierto al público, los conjuntos de problemas encontrados en el espacio urbano se reencuentran en aquel. El vandalismo, la inseguridad, males de nuestra Sociedad ampliamente mediatizados, están presentes. ¿Cómo respondemos?

Los daños, las motivaciones, los principales actores que intervienen alrededor de los parques y jardines cara a estos problemas, han sido investigados. Enseguida ha sido estudiado cómo los parques y jardines podrían ser expuestos al vandalismo y a los deterioros, cuáles eran las políticas de las ciudades para remediarlo, en Francia, pero igualmente en las grandes ciudades europeas. Al final han sido examinadas las competencias en las cuales podrían ser investigadas las respuestas.

PERJUICIOS Y MOTIVACIÓN DE LOS ACTORES

El primero de los intervinientes concierne al usuario. Es el que exige seguridad, pero asocia así mismo confusamente serenidad, tranquilidad, limpieza, animación del espacio.

Los perjuicios son diferentes en los parques y jardines y en las plazas ajardinadas, equipamientos próximos a los ciudadanos.

Una encuesta de frecuentación realizada en Paris en julio y septiembre de 1988 hizo aparecer que los usuarios se encontraban seguros en las plazas ajardinadas, por el hecho de la presencia de personas familiares que se encuentran cotidianamente. En contra, si ponen problemas de respeto a los bienes y a los reglamentos, se les achaca a una gran frecuentación.

En los parques y jardines, a la inversa, parece que los usuarios demanden una vigilancia real y una presencia tranquilizadora, ya que ellos buscan la calma y la tranquilidad.

Los perjuicios del público varían igualmente en función de su naturaleza, adolescentes, padres con niños, personas de edad... La conciliación de las diferentes utilizaciones de los espacios verdes, juego y animación, calma y descanso, conocimiento y acercamiento de la naturaleza, será entonces delicado. Después de esta encuesta, sea cual fuere la naturaleza del público consultado, este demandaba de contactos institucionalizados con el personal de mantenimiento y conservación, en el marco de actividades dirigidas o de acciones de animación. Este público deseaba igualmente que las restricciones de uso fueran limitadas, eran notamente peticionario de una utilización de los estanques y las praderas.

Otros intervinientes, los gestores políticos o técnicos, han decidido la creación de un equipo y los medios necesarios para su cuidado. Las decisiones deben ser tomadas en función del entorno sociológico, un equipamiento será menos degradado si está adecuado al conjunto de los ciudadanos y usuarios, generalmente a los más “agitados” (adolescentes). Existen aún numerosas reticencias para crear espacios específicos para estas poblaciones con riesgo del temor de su reagrupamiento, por otra parte, las políticas para los motivos relacionados a la imagen de marca podrán preferir ya sea un equipamiento de prestigio más mediatizado para satisfacer a una minoría más influyente.

El responsable técnico toma la noción de seguridad en un sentido global y comprendido en el término de costos. Se interesa por la seguridad de las personas con vistas a la criminalidad y la delincuencia, pero igualmente de cara a los riesgos derivados de su utilización (riesgo de accidente). Es sensible a la seguridad de los bienes de cara al vandalismo y a las degradaciones.

Los responsables de los servicios técnicos tienen opiniones diferentes sobre la necesidad:

  • De cercar el espacio y de cerrarlo de noche
  • De vigilancia durante las horas de apertura
  • De prohibir pisar el césped

El acceso a las praderas es considerado como un deterioro del equipamiento más que como una utilización normal de las mismas, traduciéndose en un desgaste.

La orientación actual va más hacia una utilización selectiva: en los espacios verdes en ciertos lugares está autorizado y en otros no.

Si no existe una sobre-frecuentación, la elección se realiza sobre la calidad del equipamiento deseado y los medios puestos a disposición del mantenimiento. Una pradera accesible tiene, en general, peor aspecto, pero bien preparada con céspedes apropiados y dotada de riego automatizado se mantiene aceptable con los cuidados técnicos normales, aireado, recebado, abonado, etc... Numerosos ejemplos lo prueban tales como el Parque de la Villette en París, Marsella, Ginebra, Munich, donde son accesibles.

La prohibición reglamentaria de acceso a las praderas se acompaña algunas veces por una prohibición física en forma de pequeños cerramientos metálicos, no siempre eficaces, generalmente antiestéticos y fuente importante de inversiones en los gastos de mantenimiento. Es el caso de algunas plazas parisinas.

Para los diseñadores, el tener en cuenta estos problemas se limita con demasiada frecuencia a velar por la posibilidad de intervención rápida de socorro (policía, bomberos, ambulancias) al respecto de las normas de seguridad y, a veces, al analizar el riesgo de accidente susceptible del equipamiento. Los otros aspectos de la seguridad y de la protección son frecuentemente olvidados por los diseñadores en provecho de la preocupación del costo de la operación y de la creatividad. Esto último conduce demasiado sistemáticamente aún a realizar creaciones “sofisticadas” y caras sobre superficies reducidas y en entornos sociológicos con riesgo. El mantenimiento de estas instalaciones, objeto de vandalismo, puede entonces suponer un costo muy superior a la media, que se cifra en un 10% del costo de la instalación (Fuentes de I.A.U.R.I.F.)

Vigilancia y vandalismo conducen al diseñador, pero igualmente al gestor, a interrogarse sobre la necesidad de cercar el espacio. Para algunos “el cercar contribuye a hacer de los espacios verdes unos cuerpos extraños a la ciudad, enclaves que bloquean la continuidad urbana”.

Un costo importante de la ejecución, que puede representar hasta un 15 o un 20% del costo total, además de ser un costo añadido de conservación y mantenimiento donde parte del mismo puede derivarlo el vandalismo. Así en Berlín Este, donde pocos parques están cerrados, un 12% de los costos de degradaciones y vandalismo son generados por los cerramientos.

El cierre de un espacio verde es ciertamente ejecutado para proteger los equipamientos de las degradaciones y a prohibir el acceso al público cuando hay peligro para su seguridad. Sin embargo, muchos espacios no cerrados en las ciudades francesas de Montpellier, Marsella, Lyon, o extranjeras como Berlín o Londres, no son a decir de sus gestores, más sujetas a incidentes que las cerradas.

Los servicios de seguridad, que dependen de la policía nacional, municipal o de los gestores de los parques y jardines, intervienen de muchas maneras. La vigilancia puede ser asegurada permanentemente (Jardín de Luxemburgo en Paris), durante las horas de apertura (caso de numerosos parques de la ciudad de París), con patrullas (Ginebra, Madrid) o únicamente en caso de incidentes (Torino). Los equipos pueden ser especializados, existe en París un cuerpo de inspectores de seguridad dependiente del Servicio de Parques y Jardines, y a Marsella o Niza, una brigada específica en el seno de la Policía Municipal ( Policia Verde ). Estos equipos pueden estar dotados de medios particulares: caballos, motos...

Los espacios verdes pueden ser objeto de una vigilancia específica, existen cuerpos especiales en París y Marsella... Aunque en Francia estos cuerpos de guardas o vigilantes sufren una falta de competencias y de formación, pero igualmente de motivación: Su presencia es preventiva cara a cara con los contraventores, segurizantes para los usuarios, pero costosa para la colectividad (cerca de 84 millones de F.F., o sea el 13% del presupuesto de funcionamiento del Servicio de Parques y Jardines y Espacios Verdes... y representa hasta 10 veces el costo de las degradaciones voluntarias.

Hace falta entonces preguntarse sobre la necesidad de una vigilancia permanente durante las horas de apertura, en efecto en numerosas ciudades tales como Nantes, Montpellier, Lyon, Marsella... no se constatan diferencias sensibles en la importancia de las degradaciones producidas por el vandalismo entre los espacios vigilados guardados y los no vigilados.

Además de las degradaciones voluntarias, son efectuadas sobre todo fuera de la presencia de usuarios o de los servicios de mantenimiento, generalmente de noche, la vigilancia pues tiene una incidencia muy reducida. A la inversa, las degradaciones resultantes de una mala utilización o de una falta de información de los usuarios y que pueden ser las más importantes, son generalmente observadas en los espacios no vigilados.

Por el contrario, es útil de reseñar las variaciones importantes de medios consagrados a la vigilancia y a la guardería de los espacios verdes. Bien que el término espacio verde reagrupa dominios diferentes según las ciudades, que la noción de vigilancia puede ser variable según quien interviene, la variación del tiempo consagrado y anunciado por los responsables de los Servicios de Parques y Jardines parece significativa:

A Ginebra
8.500 horas/ o sea el equivalente a 5/6 agentes por 380 has.
A Munich
45 agentes para 1.530 has.
A Marsella
150 agentes para 1.615 has.
A París
1.036 agentes para 2.855 has.

EN LOS HECHOS

Para los espacios verdes no existe una estructura tipo, ni fórmula mágica para arreglar el problema de la recepción y la información. Las respuestas son muy variadas y dependen de numerosos elementos: voluntad de los políticos, disponibilidad de la población, posibilidades financieras, estructuras ya existentes.

Las estructuras actuales, las más desarrolladas, conciernen principalmente a los dominios de la iniciación al entorno, de conocimiento de los vegetales, de acciones educativas de despertar hacia la naturaleza dirigidas a los niños. Se realizan estas acciones en las principales ciudades francesas, generalmente en París, Lyon, Marsella, Montpellier, Nantes, etc... Son los jardines botánicos, hortícolas, las granjas para niños, las casas de la naturaleza.

En lo que concierne a la información y recepción del público, las estructuras existentes están aún poco desarrolladas.

Es significativo remarcar que las dos más grandes ciudades francesas, París y Marsella, no tienen actualmente una política global de indicadores concerniendo a los espacios verdes.

Ahora bien, en el futuro en ello reside su apertura y el público demanda más información y más contacto con personal especializado. Hace falta pues estar preparado para responder a esta demanda y a sensibilizar al público.

Las degradaciones no se limitan al vandalismo, sino que abarcan un dominio mucho más vasto. Es necesario, si queremos superar esta simple noción, hacer una distinción entre el acto consciente y el acto inconsciente.

A las degradaciones conscientes corresponden las mejoras calificaciones del vandalismo. Aparecen como poco significativas en cuanto a costos inducidos, siempre son inferiores al 2% de los presupuestos de funcionamiento global, lo mismo si son sobreelevadas por los responsables políticos o los usuarios. Pero la aparición de nuevas formas de vandalismo, como el deterioro de los sistemas de riego automático en las ciudades del sur de Francia (Marsella, Niza, Montpellier) o los grafitis de París, hacen peligrar en el futuro la modificación de este reparto.

Las degradaciones inconscientes son más difícilmente discernibles, pero son estas las que tienen repercusiones financieras más importantes. Se pueden citar las degradaciones debidas a una sobre frecuentación, a la no adaptación/ instalación a sus necesidades, a una mala concepción, a una utilización intensiva de las praderas, o deyecciones caninas, o a las diversas manifestaciones que se celebran (botellonas).

Para todas estas degradaciones, el componente moral interviene de manera importante. Al igual, las dificultades de comunicación de los reglamentos, generalmente demasiado complejos, son en parte el origen de la ignorancia de los usuarios. Una educación, una sensibilización es indispensable y es más aún que los deterioros son tal vez difícilmente reparables y que el tiempo de retorno a su estado original puede suponer muchos años. Es primordial mostrar a los usuarios que un espacio vegetal es un espacio frágil, degradable y que para conservar un espacio de calidad hace falta respetarlo y protegerlo.

Por fin, los daños a la seguridad de las personas no son en estos espacios más importantes que en otros espacios públicos. Los problemas de hábitos o costumbres, frecuentemente evocados, son por contra generalmente más encontrados, toda vez que no dañan más que a la moralidad y no al orden público.

LAS ACCIONES POSIBLES

Es muy difícil encontrar remedios sistemáticos al conjunto de estos problemas, sin embargo pueden tomarse medidas en tres grandes direcciones

Acciones sobre el público

Informar al público y promover la concertación, son acciones que pueden responsabilizar al usuario y contribuir a un mejor respeto a los espacios verdes. En primer lugar, hace falta desarrollar la información cerca de los usuarios en el seno mismo de los parques y jardines. La puesta en marcha de puntos de recepción e información podrá ser un medio eficaz de dirigirse directamente al público. Además, la presencia de personal puede ser un principio de respuesta a los problemas de vigilancia. La colocación de paneles informativos y la reposición de los reglamentos son también medios necesarios a esta información pública. Más adelante, la concertación con los ciudadanos y los futuros usuarios es también indispensable. Es frecuentemente difícil de ejecutar y aparecen reticencias de todos los que intervienen. Sin embargo, las experiencias, cuando ellas acaban son concluyentes, ya sea el diálogo con una banda de jóvenes vandalizantes de una plaza de París o la construcción de juegos con los niños de las escuelas maternales de Marsella.

De una manera general, aprender a respetar la naturaleza desde muy temprana edad es una acción necesaria a fin de obtener de cada usuario un sentido de propiedad, cada uno teniendo más atención a lo que considera que le pertenece. Además el espacio verde es un lugar concebido para el público, este viene a buscar alguna cosa. Animar este lugar, hacerlo más atractivo, van en este sentido de respeto.

Acciones sobre el espacio

Se pueden evocar las que conciernen a la creación del espacio, la concepción y las que conciernen al mantenimiento.

Para su creación, el espacio verde debe satisfacer al conjunto de los usuarios y permitir su cohabitación. Desde este punto de vista parece que el tomar en cuenta las indicaciones de los adolescentes es esencial si se quieren evitar problemas evocados anteriormente concernientes a las degradaciones. Al igual que los problemas relacionados con el cerramiento, merecen una atención particular y cada lugar debe ser considerado separadamente. La puesta en marcha de una política global sistemática puede ser una buena respuesta, sobre todo para las plazas que están estrechamente unidas al tejido urbano del entorno.

Para el mantenimiento, la puesta a punto de los deterioros es indispensable. Debe ser sistemática y rápida. En ciertas zonas sensibles podrá ser necesario efectuar durante los primeros años un sobre-mantenimiento con el fin de anular los actos eventuales de vandalismo. Hemos podido remarcar que un espacio bien conservado es más seguro, mejor respetado. El vandalismo generalmente disminuye con el tiempo.

Acciones sobre la vigilancia

Es necesario asegurar una vigilancia mínima de los espacios verdes que son lugares públicos. Parece anormal que no sean vigilados como el espacio urbano de alrededor.

¿Pero qué nivel de vigilancia a ejercer?
Las respuestas son múltiples, pero parece que no hay correlación directa entre el número de guardas y el volumen de las degradaciones, cuando una mínima vigilancia es ejercida. Son frecuentemente los factores del entorno sociológico y de educación que devienen determinantes.

Una de las fórmulas posibles será la de vigilar permanentemente los espacios más importantes en superficie y frecuentación. Organizar misiones puntuales de vigilancia y recepción sobre los espacios menos importantes.

Sobre otro plano es necesario no sólo buscar en el guardia o vigilante el papel represivo. El público de hoy atiende más a las personas que encuentra cada día. Funciones de animación e información podrían serle confiadas.

En todo caso parece indispensable dar a estos agentes una formación a fin de asegurar una buena adecuación entre sus competencias y sus funciones.

                  IV CONGRESO INTERNACIONAL IFPRA .-Febrero 1996

LA EDUCACIÓN MEDIOAMBIENTAL Y LA ANIMACIÓN EN LOS PARQUES Y JARDINES
                                                                                   Berava G.
                                                                                   Servicio París- Naturaleza
                                                                                   Dirección de Parques, Jardines
y Espacios Verdes
                                                                                   París.- Francia

Más de 350 jardines conservados por la Dirección de Parques, Jardines y Espacios Verdes pueden ser frecuentados por los dos millones de habitantes parisinos, pero también por todos aquellos que trabajan en la ciudad o visitan la capital.

Este patrimonio verde se revela de una gran riqueza, pero es frágil. Heredado de una larga historia sin cesar desarrollada, debe ser bien conocida de los ciudadanos con el fin de conservarla y de cuidarla mejor.

¿Cómo hacer conocer y preservar un capital verde tan precioso?

Para responder a esta pregunta han sido decididas varias cosas precisas por la Dirección de Parques, Jardines y Espacios Verdes de la ciudad de París a partir de una simple reflexión y de sentido común.

Un jardín se descubre y la animación en el jardín es uno de los medios más ricos para conocerlo; un jardín se preserva y la educación al medio ambiente en el jardín es uno de los medios más eficaces para protegerlo.

Trataremos sucesivamente de:

I.-         Una preservación dinámica de los espacios verdes

            1º)       Definir los objetivos
            2º)       Poner en valor la riqueza y la diversidad del patrimonio natural
            3º)       Integrar las etapas sucesivas

                        Informar para conocer
                        Conocer para amar
                        Amar para proteger

            4º)       Descubrir y actuar sobre el terreno
II.-        Un descubrimiento concreto del espacio verde: “Un jardín, se vive”

            1º)       Un lugar de animación
            2º)       Un lugar de aprendizaje

III.-       Un público existente y una animación a adoptar

            1º)       ¿A qué público dirigirse?
            2º)       Las condiciones de una animación eficaz

IV.-      La estrategia puesta en marcha por París- Nature

A)                 Los soportes de animación cercanos

1º Los senderos de la naturaleza
2º El autobús de la naturaleza
3º Talleres de jardinería y del Arte de los Jardines
4º El jardín salvaje
5º El arboreto
6º El jardín de las mariposas
7º Nidos de París

B)                 Polos atractivos y sus orientaciones

1º La casa París- Espacio- Naturaleza
2º La casa y el jardín de los cinco sentidos
                          3º La granja Georges Ville

I.-         Una preservación dinámica de los espacios verdes

Recurrir a una educación medioambiental es una necesidad pero hace falta que sea ofrecida con una pedagogía específica fundada sobre la acción directa de los que se han formado en ella.

1.-        Definir los objetivos

Conocer y comprender su medio ambiente natural para adquirir un “bagaje de comportamiento” con su comportamiento al respecto de la naturaleza y suscitar una actitud responsable, esto es, en resumen la finalidad buscada. Para atender este fin, se encadena una malla dentro de un proceso educativo lineal y preciso.

2.-        Poner en valor la riqueza y la diversidad del patrimonio natural

La naturaleza, la que se encuentra en nuestros jardines, forma parte de nuestro medio ambiente habitual. Hemos tomado la habitud de verla sin mirarla. Para conocerla, es útil establecer inventarios sobre la flora, la fauna, como también es importante explicar la importancia de los elementos como el agua, el aire, las rocas y el subsuelo parisino. La naturaleza es un todo donde los elementos están estrechamente unidos: destacar un elemento no tiene sentido si no es para describirlo.

3.-        Integrar las etapas sucesivas:

Informarse, conocer, amar, proteger.

Informar para conocer

Ninguna educación sobre el medioambiente puede concebirse sin el aporte de conocimientos. Es indispensable de privilegiar la información y ofrecer una documentación lo más completa posible:
  • Dando todas las indicaciones que permitan aprender mejor su medio ambiente (ej: paneles, carteles, anuncios, etc.)
  • Concibiendo documentos informativos (prospectos, folletos, medios informáticos y documentos pedagógicos utilizados en el medio escolar.
Conocer para amar

Hace falta poner en valor lo común y lo cotidiano, mostrar lo bello, lo raro, lo frágil. Más aún que al adulto, el alma del niño tiene necesidad de belleza. El niño sufre la fealdad y vive impresionado y encantado por un espectáculo armonioso y bello. En este caso, particularmente en los jóvenes, tiene efectos mucho más eficaces para luchar contra el vandalismo que las imágenes chocadas de un medio ambiente degradado.

Amar para proteger

Se ama bien lo que se conoce y se respeta lo que se ama. La actitud de protección puede forjarse mejor si, a través de actividades de descubrimiento del medio se busca en desarrollar, sobretodo hacia los más jóvenes, relaciones afectivas entre el niño y la naturaleza, de manera de suscitar una complicidad entre ella y él. El niño que ha visto crecer una planta conoce sus exigencias y puede darse cuenta de las consecuencias de sus gestos, tales como romper un árbol con un golpe de cuchillo por ejemplo o pisotear una joven plantación.

4.-        Descubrir y actuar sobre el terreno

El método activo de la educación hacia el medio ambiente es una pedagogía de terreno. Una toma de contacto directo con el medio es irreemplazable. Da una pertinencia y una eficacia a la educación que nos da una pedagogía exclusivamente informativa y transmitida en forma de discurso. No es en los libros donde uno descubre el jardín y aprende los perjuicios que puede sufrir, es mejor ver la vida y la evolución para descubrirlo.

II.-        UN DESCUBRIMIENTO CONCRETO DEL ESPACIO VERDE: “UN JARDÍN SE VIVE”


Hace falta que los ciudadanos vivan la naturaleza en los jardines con el fin de comprender mejor el medio en el que viven y para que se reconozcan en parte y progresivamente responsables.

1.-        Un lugar de animación

Es ofreciendo una pluralidad de animaciones que puede crearse una dinámica favorable a la sensibilización. En efecto, diversificar las actividades permite presentar los múltiples aspectos que puede revestir la naturaleza de un jardín sus varias caras: lo que conduce a definir los centros de interés diferentes según los lugares para mejor responder a la sensibilidad de cada uno y tomar en cuenta sus motivaciones.

2.-        Un lugar de aprendizaje

El jardín puede ser utilizado como instrumento de formación si es el lugar de aprendizaje individual.

Hace tiempo, de una manera general, los parques y jardines han sido concebidos en función de criterios esencialmente estéticos. En la actualidad, la concepción del jardín integra una función de recepción del público por las actividades de ocio y al aire libre arrastrando la aparición de nuevas instalaciones (áreas de juego).  Conviene, mientras, ir más lejos previendo verdaderas áreas pedagógicas, terrenos de observación y experimentación (ej.: Jardín de los sentidos, Jardín salvaje, huertas, vergeles...)

Así el jardín puede ofrecer, porque ha estado concebido con esta preocupación, numerosas posibilidades pedagógicas, siendo el punto de partida de actividades variadas. Ejercido en los lugares apropiados, estas actividades pueden apoyarse sobre equipamientos específicos destinados a públicos diversos.

III.-       UN PUBLICO EXISTENTE Y UNA ANIMACIÓN ADAPTADA

1.-        ¿A qué público dirigirse?

La educación medioambiental ejercida a través de las animaciones diversas debe estar abierta a todos. Pero si concierne al conjunto de la sociedad, no puede ser eficaz ni productiva si la animación propuesta no va dirigida a los diferentes grupos de edad.

Hace falta en efecto adaptarse a su lenguaje, su mensaje, su marcha, sus herramientas.

La acción principal a emprender gira hacia los jóvenes en un marco escolar o extraescolar. No empieza jamás demasiado pronto cuando se trata de forjar hábitos. El vínculo con el medio educador proponiendo actividades concretas, soporte de su propia enseñanza, es un medio reconocido.

2.-        Las condiciones de una animación eficaz

Una animación no se improvisa. Su eficacia depende de un cierto número de condicionantes que le asegurarán el éxito:

  • La animación no es operacional si ella no es sostenida por objetivos claramente establecidos
  • Es la competencia del animador, su capacidad de convicción lo que suscita el interés y las motivaciones de los participantes.
  • Si la animación se apoya sobre un equipamiento, este debe haber sido concebido específicamente en función de un proyecto pedagógico preciso.
  • La durabilidad del equipamiento depende de la flexibilidad de las instalaciones que hagan posible de adaptar las actividades a las necesidades y de ajustarlas al funcionamiento
  • La animación debe tener un funcionamiento evolutivo según los resultados. No es suficiente emprender acciones, hace falta también evaluarlas. La medida de las consecuencias a cerca del público o de los docentes es una operación indispensable.

IV.-      LA ESTRATEGIA PUESTA EN MARCHA POR “PARIS-ESPACE-NATURE”

La estrategia escogida es la de desarrollar actividades, no dentro de un cuadro centralizado, sino en forma de estructuras de impacto en variados lugares apropiados al objetivo educativo perseguido. Algunos son a base de equipamientos ligeros y de cercanías, otros más importantes específicos son polos más atractivos.

A.-       Soportes de animación de cercanías, próximos

Los senderos de la Naturaleza

Esta acción de sensibilización destinada a todos los parisinos cubre el conjunto de la capital ya que los senderos de la naturaleza son realizados en todos los distritos y los bosques de París. Se trata de itinerarios de paseo para un encuentro con la naturaleza con ojos distintos. Ilustrados por prospectos, los recorridos propuestos son jalonados por informaciones presentados sobre forma de textos y de dibujos sobre la fauna, la flora, el agua y la geología de París. Los itinerarios hacen objeto de un ligero balizamiento sobre el terreno facilitando la identificación de los vegetales más remarcables. En los dos bosques, este balizamiento es más completo, permitiendo a todos los paseantes un acceso elemental a la botánica.

Los autobuses de la Naturaleza

Estos autobuses de iniciación a la naturaleza son puestos a disposición de los niños de los cursos medios de las escuelas primarias y de los centros de ocio. Especialmente instalado, esta estructura móvil funciona por pareja de autobuses (dos parejas a la hora actual). Uno el “vídeo-bus”, asegurando la función de transporte, está instalado en una sala de curso equipado de material audiovisual; el otro un “labo-bus”, es un pequeño laboratorio dotado de un completo material de experimentación. Se desplazan por los distritos en turnos y permiten a los niños de las escuelas descubrir la naturaleza en los jardines de su barrio. Es la “escuela de novillos” de otro modo dicho, la obertura de la clase sobre el medio de vida más próximo. Todo puesto en marcha con una visita del terreno bajo la tutela de animadores especializados. Los niños observan, interrogan, descubren, hacen provisión de impresiones, de hechos. Esta toma de contacto con el medio se prolonga enseguida dentro del bus con exploración acerca de un cierto número de temas que se exploran con el “vídeo-bus” o en la formulación de hipótesis que se verifican en el “labo-bus”.

Los sujetos estudiados varían según las estaciónes y los lugares. El programa concierne únicamente a la naturaleza en los jardines o los bosques parisinos, está especialmente adaptado a la edad de los niños que se distribuyen en fichas relativas a la fauna y a la flora observada. Documentos más exhaustivos se remiten con anterioridad a los docentes que poseen así todas las informaciones para integrar estas nociones en sus enseñanzas. Reuniones de balance permiten evaluar los resultados pedagógicos.

Esta experiencia ofrece un acercamiento concreto y atrayente del jardín y permiten prender de manera global el medio natural local.

Para los otros equipamientos puestos a disposición de los docentes y que son evocados enseguida, hace falta significar que la gestión de la animación resta rigurosamente la misma, si no son más que las actividades propuestas más específicas.

Taller de Jardinería y Arte de los Jardines

La actividad se desarrolla en el jardín y en los invernaderos d’Auteuil ya que constituyen un lugar privilegiado para descubrir nuevas plantas y el Arte de los jardines.

La actividad es conducida en colaboración con la dirección de ocupaciones culturales. Durante la semana que precede al taller de jardinería, los niños visitan museos donde ellos admiran obras que representan jardines. Este descubrimiento del aspecto estético es completado por una iniciación de las técnicas de cultivo de vegetales (siembras, esquejes...) y finaliza con la realización de un jardín en miniatura.

La actividad de jardinería constituye uno de los medios eficaces de educación perserverante. El niño se da cuenta enseguida del trabajo exigido en la plantación y de las consecuencias de cualquier negligencia.

El jardín salvaje

El jardín de Saint Vicent, situado en el 18º distrito sobre la Butte Montmartre, es un lugar privilegiado que no ha sido objeto de ninguna plantación. El lugar donde el vegetal salvaje es rehabilitado, permite observar las plantas que colonizan espontáneamente el medio parisino.

Asociaciones de vegetales se desarrollan, atraen a toda una pequeña fauna de insectos y pájaros, se transforman y evolucionan.

Los animadores en este jardín tienen por tarea la de iniciar concretamente a los niños, como al gran público, a la ecología y a hacerles conocer el medio natural característico de su ciudad.

El Arboreto

Sobre una superficie de 12 Has. el arboreto de la Escuela de Horticultura de Breuil reúne una remarcable colección de árboles pertenecientes a 2.000 especies diferentes, indígenas y exóticas. Reagrupa en un paisaje único las especies comunes de la región parisina y las que ornamentan las calles y los espacios verdes de la capital. Los niños descubren el árbol y su biología en el curso de las estaciones por ejercicios de observación, experiencias de jardinería, juegos de identificación.

Aprenden que cada árbol, como todo ser viviente, vive en relación estrecha con su medio ambiente, que su lugar, particularmente en el medio urbano, se determina por sus cualidades y su temperamento. Los adultos están sensibilizados con la “política del árbol de París” a causa de malos tratamientos, malas técnicas arborícolas, así como a los costos de mantenimiento y de las plantaciones.

Los jardines de mariposas

El espacio instalado en un pabellón del Parque Floral de París representa una cincuentena de especies de mariposas, todas originarias de París o de la región que se desarrollan de mayo a octubre. Las mariposas evolucionan sobre su medio natural con las condiciones ecologicas necesarias, pero también gracias al cultivo de plantas específicas indispensables. El nombre de “Jardín de Mariposas” evoca bien la idea de los estrechos lazos que existen entre estos insectos y las plantas que les sirven de alimentación o de soporte en las posturas.

Los visitantes pueden observar todos los estadios de desarrollo del insecto y estudiar sus diversos comportamientos.

Para las clases, este jardín es un pretexto a la iniciación al mundo de los insectos que juegan un papel muy preponderante en nuestro medio ambiente, y cualquiera que sea la forma de aprender, los objetivos a esperar serán los mismos. En efecto, cultivar una planta y seguir los ritmos de vida u observar el desarrollo de un insecto permiten la adquisición de nociones simples y fundamentales de vida, de muerte, de crecimiento, de tiempo, de responsabilidad, de respeto teniendo en cuenta los seres vivientes.

Nidos de París

Para favorecer la implantación de pájaros insectívoros, 400 nidos han sido instalados y repartidos en los jardines y algunos patios de las escuelas. Esta operación, asociando a podadores y jardineros, ha sido puesta en marcha para intentar una lucha biológica para contener la proliferación de las orugas advertidas en los jardines. En un segundo tiempo, permite por una acción de protección a los pájaros, de sensibilizar a los niños a la ornitología en el medio urbano.

B.-       Polos atractivos y sus orientaciones 

La casa París- Espacio- Naturaleza


Esta casa madre está instalada en tres pabellones del Parque Floral. Estos pabellones se comunican entre ellos y tienen respectivamente una función de información, de documentación y de exposición. Es la plaza giratoria y el primer pabellón los que juegan un papel clave en la difusión de la información y en la distribución de documentos. Alberga la estructura de animación y centraliza los planings de reparto de actividades. Informa al público de todas las posibilidades de descubrimiento de la naturaleza y la orienta sobre los diversos lugares donde se la puede disponer.

Este pabellón ha sido construido con vistas a ofrecer una visión de conjunto de nuestro medio ambiente urbano y a mostrar que la naturaleza existe aunque esté oculta por las construcciones. Los diferentes aspectos de la naturaleza en París (fauna, flora, agua, rocas...) son evocados en diferentes espacios dispuestos alrededor de un pequeño foco de un tema preciso muy parisino.

La visita a este pabellón es también utilizada por los escolares como punto de sensibilización y encuentra prolongaciones en el Parque Floral donde varios circuitos de búsqueda o descubrimiento son colocados por los animadores.

El segundo pabellón permite en complemento dar la posibilidad de acceder a libros especializados, juegos de sociedad y juegos informáticos. El conjunto de “biblio-ludoteca”, únicamente reservado a los niños, contribuye a ofrecer las herramientas necesarias para el conocimiento del patrimonio natural parisino.

La casa y el jardín de los cinco sentidos


Para tomar contacto con nuestro medio ambiente, son nuestros cinco sentidos los que debemos poner en funcionamiento. El oído, la vista, el gusto, el olfato y el tacto son por lo tanto soportes complejos y mágicos, de descubrimiento y de emociones.

En la parte del jardín con vocación pedagógica han sido seleccionados árboles frutales, legumbres y plantas aromáticas para poder observar los diferentes modos de percepción...

En los 5 talleres de la casa acondicionados para cada sentido, las actividades son destinadas a niños de 4 a 8 años. El conjunto es organizado de manera que los niños tomen conciencia de numerosas sensaciones aún latentes en los que descubren por realizaciones prácticas en cada uno de los talleres: tintura, tejido, fabricación de objetos sonoros, de perfumes...

La granja de Georges Ville


La agricultura, explotación por el hombre de su medio ambiente, la obliga a integrarse siguiendo los ciclos de la naturaleza. Es dentro de este espíritu que la realización de la granja de Georges Ville tiene su vocación pedagógica, encuentra su sitio en medio de las diferentes operaciones París-Espace-Nature.

Situada en el Bois de Vicennes, sobre los terrenos de un antiguo vivero, la granja se extiende sobre una superficie de poco más de 5 Has.

Esta realización permite familiarizarse con los animales y los cultivos, no es una granja modelo, ni un zoo, pero constituye un acercamiento a la vida agrícola donde se utilizan métodos parecidos a los que utilizan los agricultores en el campo.

Muchos niños parisinos no tienen la posibilidad de salir de la capital para ir a pasearse al campo, muchos no han visto ni una gallina, ni una vaca y numerosos son los que ignoran la procedencia de los productos alimentarios consumidos todos los días.

En esta explotación agrícola, mantenida por una pareja de granjeros, la mayor parte de los sectores de actividad de la agricultura son representados bajo forma de muestras significativas. Todos los cultivos de la Ile de France son practicados a pequeña escala en las parcelas de la granja: cereales, plantas forrajeras, cultivos industriales, lino, algodón... y de diversificación, así como los diversos trabajos tradicionales de la región: vacas, cabras, asnos, aves, pollería, ovejas, cerdos. Un huerto completa el paisaje agrícola.

Un “día en la granja”, ofrecida a los niños de las escuelas, es consagrado a la visita de las instalaciones y a la participación a ciertos trabajos. En el interior de los edificios los niños disponen de una sala audiovisual y de un laboratorio donde se desarrollan las demostraciones complementarias.

La organización de los niños está asegurada en visitas semanales por los animadores. El sábado y el domingo, el público puede visitar la granja siguiendo el itinerario balizado. 

CONCLUSIONES

Al final, estas realizaciones concernirán al conjunto del patrimonio de la capital. Los medios aportados permiten a gran cantidad de público apreciar y descubrir, participando, una verdadera pedagogía del medio ambiente. Otros proyectos están en estudio. Viviendo la naturaleza de los jardines, los ciudadanos de hoy serán mañana los ciudadanos responsables de su marco natural.


No se espera al futuro, como el que espera el tren. El futuro se hace
G.Bernanos

  IV CONGRESO INTERNACIONAL IFPRA.-Febrero 1996

LOS PARQUES Y JARDINES EN LA CIUDAD DEL FUTURO: ¿LA “CIUDAD VERDE” ESTA TODAVÍA DE ACTUALIDAD?. DEL PUNTO DE VISTA DEL USUARIO A LA DEL POLITICO MUNICIPAL


Bazin J.F. y Pascal M.C.

La noción de “ciudad verde” aparece en Francia a principios de los años 70. Entonces se desarrollaba un movimiento de reacción contra el urbanismo de dos decenios precedentes. Ecología y medio ambiente estaban considerados como ideas modernas.
¿Dónde estamos hoy en día?
¿Se va a volver a un urbanismo menos sensible a las amabilidades, más preocupado de edificar, de equipar, de instalar? o al contrario,
¿Se integrará siempre la dimensión cualitativa en el urbanismo del futuro?

Esta comunicación se esfuerza en hacer hincapié sobre la evolución actual de los espíritus y de sus comportamientos a partir, por supuesto, del ejemplo de Dijon. Esta muestra cómo diferentes puntos de vista se complementan y, a veces, se oponen: el usuario bajo sus diferentes caras, el político municipal, el urbanista, el técnico, el ingeniero, el responsable de parques y jardines, los representantes de las asociaciones.

¿La “ciudad verde” está todavía de actualidad? Si, sin duda, pero todavía hace falta comprender sobre lo que ella debe y puede ser, sobre los objetivos a definir y sobre los medios a poner en marcha para conseguirla. Espacios libres y naturaleza, destinados al ocio y a la expansión, pero también un elemento educativo para guardar el vínculo que une el hombre y la naturaleza a través de los niños. La “ciudad verde” de mañana será la que conserva el conocimiento humano de los medios naturales, de la vida animal y vegetal, de la ecología práctica y cotidiana. Hace falta pues, sin embargo, reinventar en parte los espacios verdes y alargar considerablemente su vocación.

La noción de “ciudad verde” es ya antigua y muchos ejemplos ilustran Europa, generalmente en Alemania de los años 1930. Se trata, no solamente de abrir generosamente la ciudad sobre la naturaleza, con parques, plazas y aún de jardines familiares, sino de someter la urbanización a las exigencias del espacio, de ablandar permitiendo a las avenidas, las calles y a los paseos de devenir plantadas y encespadas, a las residencias de beneficiarse de los jardines privados.

La Francia de esta época no manifiesta un gran entusiasmo por esta concepción del urbanismo, restando frecuentemente mezquina y poco preocupada de la naturaleza de la ciudad. Las películas de esta época evocan frecuentemente la atmósfera urbana pintoresca, pero encerrada entre la estación, el canal, el hotel del Norte, los viejos edificios sin aire y sin luz. Si se quiere mostrar la naturaleza ha de ser fuera de la ciudad, para remar, hacer picnic. La ciudad son las calles estrechas entre inmuebles muy juntos unos de otros. Es su encanto, su poesía. Es gris o azul según el corazón de las gentes, raramente verde.

Esta situación dura hasta el final de los años 1960. Entonces se desarrolla un movimiento de reacción contra el urbanismo y la construcción urbana de los decenios precedentes, fuertemente marcada por el hormigón.
Este se inspira a la vez del fenómeno ecológico (nociones de medio ambiente, de calidad de vida) y del combate político dirigido contra aquellos que “masacran nuestras ciudades” (las autopistas urbanas, etc...). La idea del espacio verde hace su camino y la mayor parte descubre que la acción municipal tradicional, consagrada a los parques y jardines, debe evolucionar hacia una nueva concepción de la naturaleza en plena ciudad. No se trata de una decoración, de un medio de satisfacer la conciencia de un “buen alcalde”, sino de una visión muy diferente del urbanismo.

Es por ello que, por ejemplo, Robert Pousade, alcalde de Dijon, después de 1971 primer ministro de medio ambiente y de la protección de la naturaleza (1971-1974) toma el hábito de confiar al mismo adjunto la doble delegación de urbanismo y la de parques y jardines, marcando así su intención de hacer una sola y misma política urbana, concretamente los resultados son pronto positivos, desde que el urbanismo, sector habitualmente potente en el seno de un ayuntamiento, favorece una política activa de espacios verdes por una gestión efectiva del suelo.

Como en todo, existen corrientes y modas.

Veinte años después de este creciente movimiento a favor de la “ciudad verde”, ¿la voluntad es todavía tan firme? ¿Nos dirigimos a un urbanismo menos sensible a la afabilidad, más preocupado de construir, de equipar, de instalar, que de promover ampliamente la calidad de vida? O al contrario, ¿se integrará siempre de antemano la dimensión cualitativa en el urbanismo del futuro?

Este debate no es fortuito. En efecto, se siente bien que, aunque la ecología política reporta actualmente éxito en los periodos electorales, una tendencia se afirma para establecer una primacía de lo cuantitativo. Después de haber jugado la imagen de lo cualitativo, las grandes ciudades se preocupan sobretodo hoy del desarrollo económico, del empleo y de los grandes equipamientos. Los equipos municipales elegidos en 1977 sobre temas ecológicos y participativos han sido batidos en 1983, lo que ha conducido a modificar sensiblemente su discurso y sus actos. Todas las ciudades con ambición de ser activas, influyentes, presentes en la competición europea, tecnológicas y unidas a los principales ejes de comunicación. ¿Qué es de la idea de la “ciudad verde”? ¿está pasada de moda o está viva todavía? ¿El punto de vista del usuario y del político municipal convergen o están en contradicción? ¿La “ciudad verde” brevemente, tiene aún futuro?

Los neo-urbanos: restablecer los vínculos con la naturaleza

Lo mismo que uno habla de fenómenos “neo-rurales” en relación del movimiento de reflujo de las ciudades hacia el mundo rural, suscitando un nuevo comportamiento cara a cara del espacio rural a partir de una concepción y una gestión urbana, parece posible evocar en lo sucesivo los “neo-urbanos”.

El éxodo rural, particularmente sensible de 1950 a 1960 es producido, salvo en el último periodo que ve nacer “grandes urbanizaciones” en las grandes ciudades aún muy abiertas al campo más próximo. Muchos de los nuevos ciudadanos poseían un trozo de campo, de huerto, de jardín, generalmente en la periferia inmediata a la ciudad y estos conservan un contacto dominical con la naturaleza. Esta situación ha evolucionado. La urbanización ha conquistado poco a poco estos espacios que permanecían libres y el vínculo entre la célula familiar y la naturaleza se ha roto.

Por contra, nosotros somos la segunda, frecuentemente tercera o cuarta generación después del éxodo rural y la aparición de la sociedad urbana.

El conocimiento innato de la naturaleza se atenúa de generación en generación para dejar sitio a una ignorancia total de los fenómenos naturales y los más elementales.

El niño que crece hoy en una ciudad no sabe cómo crecen las plantas, las legumbres, las flores. Ignora el nombre de los árboles; cuando él mira el cielo no puede indicar ninguna estrella. No ha visto jamás ordeñar una vaca o poner un huevo. No conoce el gusto del yogourt doméstico. Nadie a su alrededor le enseña esto, ni la familia, ni la escuela. Los abuelos pasan sus vacaciones en la Costa Brava, los campings, los club-mediterráneos, los viajes, otras formas de ocio y otros horizontes.

Desde entonces, y por primera vez después de milenios, el vínculo entre el niño y la naturaleza se ha roto. Esencialmente para la generación de los años 1960, 1970 y 1980. Aunque se hable poco, se trata de un fenómeno mucho más importante y grave que el del éxodo rural. Se produce normalmente con efecto retardado, dos o tres generaciones después de la ruptura inicial de la relación entre el hombre y la tierra. Al filo de los años, los recuerdos se esfuman, las prácticas se borran para dar nacimiento a un ser que, por primera vez desde el principio de la humanidad, es incapaz de distinguir un haya de un carpe, no lee ninguna estrella en el cielo, ve los productos de la agricultura bajo una mirada agro-alimentaria, no conoce ni el repicado, ni el injerto. Este ser vive de repente en las dificultades de una economía de guerra, de subsistencia que le privan de las reacciones de supervivencia más simples.

Creo profundamente que la “ciudad verde” debe en la actualidad favorecer la inteligencia de la naturaleza, en primer lugar, para los niños y las nuevas generaciones que uno debe “injertar” sobre la vida.

Esta visión “ecológica” de los espacios verdes me parece más importante y útil hoy que todo acercamiento a los parques y jardines.

Concretamente, se trata de desarrollar, como nos esforzamos de hacerlo en Dijon, una pedagogía de la naturaleza fundada en los espacios verdes.

Donde los jardines educativos sobre el principio: una escuela (primaria), jardines, a lo largo del año, los niños de una clase disponen de un jardín donde hacer crecer legumbres, recogiendo los frutos. Esta iniciativa parece como la más positiva. Todavía hace falta que la Educación Nacional se interese (profesores y profesoras capaces de acompañar y guiar a sus alumnos, este no es siempre el caso) y poner un servicio educativo vinculado al servicio de los espacios verdes. Aún hace falta madurar esta experiencia en el tiempo: uno se apasiona el primer año, esta menos motivado el segundo y al tercero, todo resulta yermo... Esta pedagogía necesita muchos esfuerzos: es un catecismo de perseverancia, la “ciudad verde” debe establecer, cuando todavía se está a tiempo, el vínculo con la naturaleza.

El acceso de todos a la naturaleza: un derecho social

El acceso de todos a la naturaleza no hace parte de un derecho reconocido. Es por lo menos, uno de los derechos que parecen elementales y “naturales”. Si el automóvil equipa hoy la mayor parte de los hogares, un número elevado de personas no tiene los medios necesarios para abandonar la ciudad. Personas ancianas, familias de inmigrantes, niños que se encuentran cautivos del medio urbano. El espacio verde juega entonces el papel de un equipamiento social, favoreciendo el acceso de todos a la naturaleza y respondiendo a lo que parece como un derecho.

Que se trate de jardines próximos, de parques urbanos o periurbanos, atendidos por los transportes en común, estos equipamientos son necesarios con el fin de permitir el paseo, la expansión y el juego en un marco agradable y calmado.

La “ciudad verde” del futuro, debe aún más que ahora, abrir esta ventana a la naturaleza. La evasión del “weekend” o del domingo está relacionada, en efecto, a las condiciones económicas de la utilización del vehículo. Antes del automóvil, a principios de siglo, los parques y jardines estaban llenos de gente los domingos al mediodía. Hace falta imaginarse una crisis de carburantes o de un costo muy elevado para ver afluir de nuevo el público en los espacios verdes. Hace falta pues preparar la ciudad para afrontar esta situación y equipar en el presente para las necesidades del futuro que la historia hace previsibles.

Se añade otro aspecto social, difícil de comprender, pero que se desarrolla inmediatamente después y a medida que aparece esta forma de marginalidad que uno denomina “nueva pobreza”. El espacio verde es ocupado a lo largo del día por personas sin trabajo ni ocupación en el que buscan refugio. A la “poesía” del vagabundo durmiendo sobre un banco, su litro de vino en la mano, se sucede la cohabitación compleja de estos marginados y de los usuarios más tradicionales del espacio verde (madres de familia, jóvenes, personas de edad, etc. El espacio verde será en la “ciudad verde” del futuro, y cada vez más, el refugio de los excluidos. No existen respuestas prácticas a esta situación frecuentemente conflictiva.
  
Más allá del reglamento: una escuela de libertad

La diversificación de los espacios verdes (paseos, corredores verdes, parques periurbanos, etc...) la presencia de animales, las instalaciones de juegos, el agua, precisan un nuevo acercamiento a la reglamentación y a la jardinería. Al igual que si los progresos se cumplen, los jardines son frecuentemente concebidos según un espíritu viejo, poco adaptado a la evolución de los comportamientos y las mentalidades actuales. Así, la prohibición de pisar los céspedes o de tenderse en ellos está mal vista por los jóvenes –salvo en casos muy excepcionales- no responde a ningún fundamento serio. Se trata simplemente de una idea recibida: no se debe andar sobre la hierba. El jardín está hecho para el ojo y no para el cuerpo. Su belleza se pondera más que su uso. Estoy seguro que se podría transformar la prohibición en un libre acceso sin degradar el conjunto de los céspedes de Dijon.

Al igual la reglamentación hecha esencialmente de prohibiciones puede evolucionar hacia una formulación más positiva, marcando los derechos y las obligaciones del usuario, su responsabilidad hacia la naturaleza y a los otros usuarios.

Es el conflicto habitual de los perros, por ejemplo, implicando la educación de sus dueños.

En cuanto a la jardinería, deberá evolucionar también. La idea de vigilancia pasiva o sanción represiva no responde a las exigencias de un lugar que reúna funciones múltiples, uniendo a poblaciones y edades muy diferentes. Permanecemos con esquemas antiguos, cuando el espacio verde ha cambiado. Este debe estar bajo la confianza y responsabilidad de los usuarios, lo esencial es promover este sentimiento de responsabilidad. En los parques y jardines más amplios, más que tener recursos de una vigilancia tradicional con rondas de guardas, una abertura sobre el conocimiento de la naturaleza, las especies, los pájaros, etc. asegurando el respeto del lugar y de los usuarios tendrá probablemente una eficacia más grande.

Por contra, en los parques periurbanos personal a caballo tipo “ranger” americano creará sin duda un sentimiento más vivo de seguridad y asistencia en caso de necesidad. En Estados Unidos el “ranger” no es sólo un guardia, sino un especialista de la protección de la naturaleza, capaz de guiar e informar, respetado en función de su uniforme y en razón de su competencia.

En nuestra sociedad, donde el civismo debe frecuentemente ser reinventado, la “ciudad verde” del futuro puede dar nacimiento a una escuela de libertad. Aún debe considerarse el espacio verde como un lugar de vida y no sólo como un lugar a vigilar.
  
La problemática animal: El espacio vital

Independiente de los problemas causados por los animales domésticos en los espacios verdes, ver el caballo (equitación), el deseo de animar los parques ha conducido en estos últimos años a multiplicar los cercados de animales.  Esta evolución rompe con la vieja habitud que, en despecho de los esfuerzos de rejuvenecimiento, no respondiendo a ninguna de las concepciones ecológicas de hoy, aparecen sobre todo como las supervivencias sujetas a un pasado caducado. La casa de las fieras no tiene sitio en la ciudad. En revancha, el recurso animal familiar, viviendo sin dificultad ni penuria sobre un espacio suficiente es cada vez con más frecuencia solicitado.

Una encuesta elaborada por la ciudad de Dijon en 1981 mostró entonces que, sobre 43 ciudades interrogadas, 25 poseían animales, 5 se interesaban sobretodo por las aves y 13 no tenían, ni unas ni otras. Estos animales eran la mayor parte habituales, si excluimos las llamas, los monos, las cebras, los canguros, los osos, los cocodrilos, por aquí y por allí, sin citar una pitón real en Lille.

Se trata de un buen terreno de entendimiento para la cooperación intercomunitaria, principalmente en lo que concierne al equilibrio del ganado y los intercambios de los animales. Se observa también que el aspecto pedagógico de estas iniciativas es generalmente explotado de forma insuficiente. Muchas ciudades han creado “granjas” reconstituyendo el marco animal familiar de la antigua campiña francesa. Aunque de forma artificial, este acercamiento a la vida natural y rural parece devenir una necesidad, en la medida donde una pedagogía adaptada acompaña estos esfuerzos. En todo caso es posible de crear a partir de una fauna muy simple un universo muy atractivo en los espacios verdes: cabras, poneys, gamos, ciervos, corderos, ovejas, gallos, gallinas, conejos, muflones, pavos reales, etc...

La “ciudad verde” del futuro deberá igualmente introducir las ardillas, diezmadas a principios de los años 1940, ya que numerosos espacios verdes públicos y privados de numerosos países europeos y americanos lo hacen el animal más familiar del mundo...

Ciudades para el hombre: un nuevo urbanismo

Muy frecuentemente, el espacio verde no es más que una decoración. Responsable de la construcción urbana o de la reconquista de la ciudad, el urbanismo debe redescubrir la “ciudad jardín”, cuestionada en los tratados y las antologías, raramente en la práctica.

Implica una concepción muy diferente del urbanismo. Ella en general, parte de barrios de casas, de equipamientos “pesados” y de vías de circulación, después afecta a los espacios verdes y abandonados.

A la inversa, si el paisaje y la calidad de vida acompañan la reflexión del urbanismo, cuñas verdes pueden agradablemente crear lazos peatonales o vías ciclistas entre los barrios, los senderos cotidianos, los parques lineales. Otras ideas son capaces de cambiar a la vez la ciudad y la vida.

Dijon tiene la suerte de poseer un lago artificial, después del año 1964. No fue nacido de un estudio urbanístico, ni de un análisis sociológico, ni de un sondaje de la opinión. Fue el fruto de la voluntad de un terco canónigo devenido diputado del ayuntamiento de Dijon.

Si el supo imponer su voluntad sin tener necesidad de apoyarse sobre 10 kilos de estudios e informes, pero solamente con el sentido común, se mostró imaginativo. Cuando quise relanzar la política de los jardines familiares, hace una docena de años, se me ha contestado: no hay terrenos. Yo he pedido la lista de reservas de terrenos de la ciudad de Dijon. Lo formaban innumerables terrenos de eriales, adquiridos para operaciones urbanísticas no programadas en el tiempo, quizás sin objeto alguno.  Hagamos de estos terrenos jardines familiares, no lo piense, no podremos desalojarlos. Tuvimos una convención con una asociación seria y si uno tiene necesidad de un terreno, entonces retiraremos los jardineros, pero las cabañas serán barrios de chabolas. Hicimos un concurso y mejoramos las cabañas de los jardines. Habíamos llegado, habíamos creado cerca de 300 nuevos jardines familiares en diez años. Ninguna dificultad, ni financiera, ni estética se ha presentado. Estos terrenos no constituyen más una carga de mantenimiento para la ciudad, son útiles y son reservas patrimoniales. Hizo falta simplemente empujar un poco el conformismo de los hábitos administrativos y poner el problema en función de otras prioridades.

No tomar los mitos por realidades

No debemos tomar los mitos por las realidades. El urbanismo está en primera línea de estas buenas intenciones intelectuales que son en realidad un infierno.

Con peligro de chocar, yo creo que Corbusier, espíritu eminente y arquitecto remarcable, ha anunciado un gran número de necedades cuando ha pretendido establecer las leyes de la ciudad ideal. Estas tonterías han legitimado el urbanismo demencial de los años 1950 y 1960 y encerrado en un cinturón de cemento centenas de millares de familias. No olvidemos en efecto que Le Corbusier (hacia una arquitectura notable, 1923) justificar la liberalización del suelo para la construcción a gran altura, sin imaginar que estas torres y estas barras se unirían cientos de apartamentos que serán para ellos mismos un infierno contradictorio.

En materia de espacios verdes he oído formular muchas ideas falsas.

Los jardines familiares, por ejemplo. El Ministerio de París envía una joven perentoria, revestida de diplomas, sabiéndolo todo. En evidencia, ella no ha tocado jamás una bestia en su vida y será incapaz de hacer crecer un rábano. Pero ella decide cómo, sociológicamente debían vivir los jardineros familiares. Alto al individualismo. Tendréis una subvención del estado si suprimís todas las cabañas, para crear una casa colectiva. Cada jardinero tendrá derecho a una taquilla... Le he dicho a esta joven que yo prefería pasar de sus subvenciones, para ofrecer a cada jardinero lo que le convenía. Cuando alguien ha pasado la semana en la fábrica, no está dispuesto a reencontrarla el domingo. Que haya algunas instalaciones comunes está bien. Que el jardín sea un campo de experimentación de sociólogos, no.

He conocido un conjunto de jardines familiares reformados por esta joven del ministerio. Diez años más tarde, han vuelto a ser lo que jamás debieron dejar de haber sido.

Otro ejemplo, sacado de los centros de ciudad. Hace unos veinte años, la gran idea intelectual de los urbanistas estaba en derribar los muros de los paseos y jardines del fondo de las parcelas en el medio urbano para crear “espacios de vida” y “lugares de encuentro”, paseos y jardines colectivos. Ha sido olvidar que el hombre ansía vivir solo y en paz en su casa y que este sentimiento corresponde a una aspiración profunda.

Del Plan Verde a las amenidades urbanas


El VII Plan había puesto en marcha el procedimiento de los Planes Verdes de aglomeración, de contratos verdes. Parece que después del entusiasmo del Estado, aunque un poco caído, existen ganas de desecharlo. Cierto, una política de espacios verdes es de esencia municipal, pero el esfuerzo conjunto del Estado y las colectividades locales, el estímulo aportado a las acciones coherentes de aglomeración ¿no serán más necesarias?

Los japoneses tienen una fórmula para evocar el futuro de las ciudades: las amenidades urbanas. Es decir, todo aquello que contribuye a hacer la ciudad más armoniosa, más risueña, más confortable, más amena. Habiendo participado en varios coloquios franco-japoneses sobre las amenidades urbanas, me di cuenta que las ciudades francesas, a pesar de sus imperfecciones, eran susceptibles de ofrecer un modelo eficaz a numerosos países extranjeros en la búsqueda de una dimensión humana. Sin duda, no se trata sólo de los espacios verdes, sino también de las calles peatonales, de la reconquista de los micro-espacios urbanos, muros pintados, arte en la calle, etc...

Pero el tratamiento de los espacios verdes constituye uno de los puntos de apoyo de esta nueva visión que llena el porvenir de la ciudad del futuro.

Contrariamente a una idea recibida, yo no pienso que el usuario pueda tener un punto de vista determinante en materia de construcciones urbanas, de espacios verdes. El tiene raramente el espíritu de síntesis, tiene poca imaginación prospectiva. Por el contrario, su papel esencial desde que él ha decidido vivir en un espacio, y si este trámite no es más que pedagógico, es útil de asociar a la concepción de los espacios nuevos en el espíritu del barrio.

El político municipal está investido de grandes responsabilidades, es él el que tiene que querer y aún más imaginar.

Entre uno y otro, los cuadros y el personal trabajan para las colectividades locales compartiendo esta responsabilidad y sugiriendo y preparando decisiones, realizando proyectos, asegurando el mantenimiento y la vida de estos espacios, entreteniendo y renovando el viejo patrimonio.

La “ciudad verde” tiene un futuro, seguro. Pero uno no cesará nunca de reinventarla.

IV CONGRESO INTERNACIONAL IFPRA.-Febrero 1996

LOS DESEOS DE LOS USUARIOS Y EL USO DEL ARBOL EN LOS PARQUES Y JARDINES DE PARIS

                                                                                   Guerin J.C.
                                                                                   Director de Parques y Jardines
                                                                                   y Espacios Verdes
                                                                                   Ayuntamiento de París

Los parisinos, desde siempre, han vivido en estrecho contacto con sus árboles, así como los del campo de los alrededores más próximos cuando los recintos fortificados sucesivos de la antigüedad y de la edad media no dejaban mucho espacio a la naturaleza.

Los primeros árboles públicos “intramuros” han sido plantados a principios del siglo XVII, los del Jardín del Rey, hoy Jardín de Plantas, seguidos en el siglo siguiente por las plantaciones de las Tullerías, del Palacio Real, de Luxemburgo...

Cien años más tarde, Napoleón III realiza las importantes plantaciones de alineación que el mundo aún envidia de París, hace el regalo no solamente de los grandes parques hausmanianos y de numerosas plazas construidas en la misma época, sino que él le añade los dos bosques llamados de Bologne y de Vicennes, donde los árboles no se cuentan por unidades, sino por hectáreas de bosque.

En el mismo tiempo, el paisaje se transforma bajo la presión de una población cada vez más numerosa, hoy estabilizada a un nivel elevado, donde la mitad no sale los fines de semana, ni conoce los bosques periurbanos de la Ile de France. La decoración urbana actual, con el tejido construido muy denso, se encuentra también plantada.

Esta historia y esta evolución explican sin duda el efecto sorprendente que consagran los parisinos a sus árboles. Ellos no ven mas que los que están en los jardines, ignorando así las praderas, las flores, los arbustos, los árboles pequeños, así mismo pues los quieren “omnipresentes” y grandes, a escala de la ciudad.

Teniendo en cuenta los pocos espacios frecuentemente disponibles para su desarrollo, un primer tema de conflicto latente surge con los usuarios, que olvidan frecuentemente que el árbol no es un simple mobiliario urbano inmóvil o desplazable a voluntad.

Los árboles son “seres vivos” que crecen, se ahogan frecuentemente con la falta de espacio, padecen enfermedades y la polución, envejecen, en fin. Cuando la senectud aparece, no es posible mantenerlos indefinidamente en su lugar sin peligro, ni dejarlos morir de pié, como lo desean muchos de los ciudadanos.

Se deben cultivar los árboles con la misma dignidad que cuidamos a los niños: más que ellos sino no crecen solos, contrariamente a una idea aún profundamente arraigada en nuestro subconsciente colectivo, que hace falta extirpar que el amor de los usuarios se parece a la de los padres, frecuentemente ciegos.

Pero, ya que es necesario “tratar” los árboles, dejemos de un lado los sentimientos, para ver cómo nos introducimos.

Ellos viven y se desarrollan por el suelo y el aire, dos elementos siempre limitados en las ciudades, donde una concurrencia que necesita podarlos cada vez más cuando su crecimiento es mayor y más rápido. Seleccionarlos también, ya que todos no pueden sobrevivir y no sólo hay que tener en cuenta los árboles, sino el conjunto del jardín.

Mientras, predominantes por su desarrollo, ellos acaparan toda la luz y una gran parte del suelo, que también tienen necesidades, los otros arbustos, céspedes, flores, los hombres igualmente, con los equipamientos que le son necesarios pues ¿cómo concebir un jardín público, sin frecuentación?

La concurrencia entre las varias especies vivientes, conforme a las leyes de la naturaleza, juegan plenamente en un jardín: porque entonces no dejamos exprimirla dirán algunos.

Pero lo más fuerte en un jardín, son los árboles, si el hombre no se implica, y en medio de los árboles aquellos que su desarrollo es natural y más rápido. El resultado entonces no se hace esperar, se puede constatar en muchos jardines del siglo pasado que no han sido todavía renovados: los grandes árboles, eliminan progresivamente los arbustos, flores, céspedes y juegos infantiles, y los hombres en definitiva renuncian a frecuentar las frondas muy sombreadas, sobre un suelo desnudo.

Como se hace después de siglos, hace falta que el hombre intervenga para limitar la naturaleza, el árbol en este caso.

Mientras, otro factor contrario aún más este intervencionismo, pues el gestor no debe estar sólo a resentir la necesidad y a soportar la responsabilidad. El árbol, elemento fuerte del espacio verde urbano, nos apoyamos con razones objetivas, es igualmente que, con el agua, no es principal sino el sólo elemento estructurante vivo, lo no-vivo se expresa por los movimientos de tierras, las circulaciones, los equipamientos, las construcciones... Es él quien facilita las referencias de escala al entorno construido, el que desencadena en los arquitectos, los urbanistas y los políticos que deciden la reflexión intelectual clásica de darle un lugar importante y pensado, donde de quererlo, inmutable en el tiempo y el espacio porque es el único elemento vivo que se integra válidamente a su concepción volumétrica del espacio.

Su punto de vista reúne también el de los usuarios en una conjunción temible para el gestor que deberá exponer sin cesar las razones de su elección, convencer, juntar el arte de hacer saber con el saber-hacer, misión exaltante, pero no exenta de peligro.

Cara a cara con éste árbol “invasor” en los jardines, pero también en el espíritu de lo público, quien lo quiere siempre más, hace falta limitar bien cual es su desarrollo, se deben aplicar los mismos métodos cual sea la naturaleza y el tamaño de los espacios verdes.

Es lo que vamos a examinar ahora, bien entendido que ensayando cada vez tener muy en cuenta las reacciones conocidas o supuestas del público.

Una “observación previa” se impone mientras: no es indiferente limitar los árboles sea en número, sea en volumen.

-          En el primer caso se trata de cortar puramente y simplemente los árboles excedentes, que molestan: es un trabajo clásico del técnico gestor, que necesita solamente cosas eventuales que pueden ser de carácter técnico o estético, lugar de emplazamiento, la especie... Pero el público rehúsa escuchar las razones de esta tala, aunque se les haya hecho saber, con más razón si el árbol no está enfermo. Frecuentemente es el gestor al que acude el que tiene que decidir, llamado a cortar, duro perjuicio, a pesar del riesgo de revenir a la solución fácil de no saber cortar un árbol que no esté previamente muerto en pié, más si éste ha contribuido en el pasado a hacer preocupante el estado actual de los jardines parisinos.
 
-          En el segundo caso se trata de disminuir árboles con demasiada estrechez o perjudiciales sin disminuir su número. Técnicamente la poda, sobretodo si ella es radical y el árbol adulto, no es siempre posible y algunas especies no lo soportan. Esto representa siempre un traumatismo, una puerta abierta a enfermedades, una vía de debilitamiento y de la reducción de la vida del árbol. Por ello es por lo que el gestor la repugna y prefiere guardar el árbol a su porte natural y no utilizar de forma ilimitada a sabiendas.

Por el lado público y los usuarios, la situación es más matizada. Renunciará a hablar de “masacres de motosierras” pero al mismo tiempo exigirá la plantación de grandes árboles donde ellos no tienen sitio para desarrollarse naturalmente y no desearán solicitar la tala radical de este u otro árbol que tapa la vista, la luz o simplemente una sepultura.

Para resumir, en el primer caso para operaciones indispensables, el gestor se encuentra expuesto a una sospecha generalizada, en el segundo caso para operaciones discutibles, deberá tener en cuenta opiniones totalmente divergentes. Afortunadamente, si él dispone de fe, o más seguro de discernimiento y de razón, para continuar plantando árboles. De todas maneras y, a pesar de esta contradicción, los jardines deberán ser mantenidos y conservados en buen estado, y para hacerlo, es indispensable plantar, pero también cortar árboles, como de renovar los macizos de arbustos y de flores, los céspedes... 

1º- Los bosques o grandes parques intra o periurbanos

Los ejemplos están en París, los Bosques de Boulogne (846 has.) y el de Vicennes (995 has.) pero este tipo de espacios verdes es enormemente difundido en numerosas grandes ciudades del mundo que disponen de más espacio que París.

Su acceso, en general, es libre de día y de noche para todos los usuarios, lo que conduce a tratarlos de forma extensiva: están constituidos de zonas naturales forestales generalmente alejadas de los perímetros de frecuentación, éstos últimos constituidos de praderas más o menos arboladas, entrecortadas por estanques de agua. Para hacer olvidar el bosque etimológicamente y ancestralmente “fuera”, siempre inquietante, las circulaciones y la animación (juegos, deportes, espectáculos, restaurantes...) revisten una gran importancia.

La gestión del conjunto de las zonas más o menos emboscadas, que representan cerca de un 50% de la superficie total, ha sido objeto para cada uno de los dos bosques de un plan establecido en 1988 y aprobado por la “Comisión de Paisaje” cuando se inició en 1889. Más que por todo, el árbol se encuentra omnipresente, pero según los modos de tratamiento bien distintos.

En las zonas forestales (35 a 40% de la superficie total del bosque) el árbol no representa más que un elemento en medio de los otros, de una población donde sólo importa el futuro: es plantado pequeño a una fuerte densidad (1.500 a 2.000 por has) sometido a una concurrencia muy acentuada donde las especies se mezclan, seleccionadas después con los clareos sucesivos que se dirigen a no dejar en pié, después de 50 años, 100 a 200 adultos; 90% de ellos han desaparecido contribuyendo a la mejor formación de los que quedan.

Las praderas arborizadas y los linderos (10 a 15% de la superficie total) que comporta numerosos claros muy frecuentados, son mucho más paisajistas, con una mezcla de especies forestales, frecuentemente agrupadas en bosquetes que recuerdan la naturaleza del bosque y espacios hortícolas más plantadas que aquellas. Cuando las renovaciones, el conjunto de las plantaciones se hace con árboles ya desarrollados, raramente más de 100 por Ha.

Uno no busca aquí como en los parques más pequeños o los jardines, un efecto de “masa” inmediata: las podas y talas son limitadas por razones sanitarias, ya que el asentamiento del suelo inducido por la intensa frecuentación de los usuarios impide frecuentemente que los árboles lleguen a muy viejos.

Conocemos bien el punto de vista de los usuarios concerniente a estos bosques a partir de tres encuestas realizadas sucesivamente en el Bois de Boulogne durante el verano de 1986, el invierno y la primavera de 1987: 93% de entre ellos estimaban satisfactorio el bosque y por medio de un 59% que formulaban sugestiones o iniciativas, sólo un 5% deseaban un bosque más natural donde el 2% solicitaban más plantaciones de árboles, el resto reclamaban menos instalaciones, más flores, pájaros, senderos pedestres, puntos de agua... casi un consenso total.

- Los parques urbanos y los grandes parques polivalente

Su tamaño más reducido (1 a 10 has.), cerrados frecuentemente por la noche, su inscripción en un tejido urbano denso, con necesidad de que dispongan el máximo de equipamientos polivalentes, pone ya el “problema de escala” entre este tipo de espacios verdes y el árbol de “gran desarrollo” (plátano o castaño por citar dos ejemplos bien conocidos por todos).

Según como se considere el árbol, en el momento de la creación o de la renovación del jardín, hay un máximo de 3 a 4 m. de altura y una cima de 3 ó 4 m2, cuando ellos tengan 50 años en su desarrollo adulto, con 12 ó 15 m. de altura y una cima cubriendo el suelo de 150 m2, si el porte de la especie es podado, las reacciones a su encuentro aparecen muy diferentes.

En el primer caso, la tendencia general es de considerarlo demasiado pequeño en un jardín suficientemente relleno: puesto que hace falta aceptar su ritmo de crecimiento, frecuentemente se reclama plantar otros que llenen el espacio.

En el segundo caso, sobretodo si ésta última petición ha sido satisfecha: es fácil constatar que toda marcha, sólo hace falta 50 árboles por Ha. Para impedir subsistir en el suelo arbustos, praderas, flores y también los equipamientos excesivamente sombreados.

Cada uno puede glosar este desastre, proponer cosas para remediar esta “impericia”. Pero si se ha prescindido al principio, como lo hacen mucho los urbanistas, de esta proyección en el tiempo, son muy simples las cosas que hay que hacer: o hacer desaparecer la mitad al menos de los árboles, pero será tarde para que los supervivientes reencuentren un porte equilibrado y natural, o cortar ferozmente todos los existentes para conseguir un efecto que durará a penas algunos años, y repito, comprometerá irremediablemente su futuro, lo que es una solución para poder partir rápidamente de cero.

Cual ha sido la elección, será necesario enseguida rehacer el conjunto del jardín, cuando ha sido fácil de velar sin dejar hacer sobre su buena evolución: a nivel de las especies, conviene seleccionar su desarrollo y su porte. La utilización de árboles piramidales permite frecuentemente crear un paisaje variado y agradable y, al mismo tiempo, un vínculo más fácil con el entorno construido: hace falta enseguida, proyectándose hacia el futuro, imaginando y reproduciendo sobre maqueta el volumen del árbol adulto, no plantar muy junto, o si uno está verdaderamente violento, aclarar enseguida y progresivamente la cubierta excesiva para evitar que las talas demasiado importantes no atenten intempestivamente al público que valdrá más sea informado previamente.

3º- Los pequeños jardines de barrio o urbanización

Cuando no se dispone más de 500 a 2.000 m2, generalmente enclavados entre edificios, uno debe guardarse de actuar, al igual que en los parques citados, y saber al mismo tiempo que cuando más pequeño es el espacio, más los ciudadanos prefieren grandes árboles como pantalla lejos de sus ventanas, al mismo tiempo que juegos al sol y sombra para los niños, bancos para las personas de edad... todo lo contrario.

Está claro por tanto que, en delicadas superficies ya parcialmente sombreadas, los grandes árboles no son aconsejables. Hace falta concebir de otra forma, ya que si todos los equipamientos no son posibles, será una pena prever uso alguno y de crear sólo para los ojos un jardín decorativo.

La concepción, la organización de que pequeño jardín, precisa pues cosas difíciles: es parque, además de su paleta de pequeños árboles y vegetales diversos, y su saber hacer técnicamente, el diseñador y el gestor tendrán interés en consultar al ciudadano los usuarios potenciales, los políticos locales, las asociaciones, para agruparlas enseguida alrededor de una mesa o la iniciativa de los políticos y de presentar varios estudios de lo que podrán ser según los diversos deseos que ellos han expresado, es el espacio verde.

Qué concluir pues al término de este inventario y de esta búsqueda, ¿los más grandes espacios verdes o los más pequeños?

No hace falta olvidar que son los usuarios que deben obrar como diseñadores y gestores, a fin de hacer bellos jardines, que responden al mismo tiempo al máximo de sus deseos y por qué no, de sus fantasías.

No se puede pues tener queja de su afecto por los árboles, algunas veces intempestivo, se puede ayudar a su defensa no más que de su ignorancia de la multitud de factores decisorios esbozados anteriormente, que guían los “especialistas” en su gestión del “patrimonio” arborícola. Es a los especialistas a quien corresponde instruir y saber así merecer su confianza.

Y si uno ensaya mientras analiza las encuestas recientes ya evocadas, y notablemente la última de 1988, hay que constatar que esta confianza existe y bien: cuando el calendario cualitativo de conservación interrogaba explícitamente sobre la “preponderancia de los árboles” este tema no es absolutamente retocado en el análisis de las respuestas, por tanto la puesta en marcha reciente de los dos primeros planos de renovación aprobados por la “Comisión del Paisaje”, el de la avenida Foch y del Parque de Montsouris, ha hecho caer numerosos árboles y prevé todavía otras eliminaciones con ciertas replantaciones.

Bajo pena de fallar en su misión, el gestor no debe aceptar que mañana, como ayer, por temor fundado de los usuarios, un jardín se transforme progresivamente en un bosque.

Las realizaciones recientes (1985 a 1985) del Parque George Brassens muestran que un espacio verde, para ser apreciado como tal, debe ser atendido desde joven, debe ser plantado densamente en función del desarrollo de los árboles, para que no sea posteriormente necesario y deseable su aclarado.

No hay más que pasearse, cinco años después, para constatar desde este momento, sobretodo en la parte sur, la más plantada, que todas las grandes perspectivas se encuentran más o menos tapadas, las copas de los árboles prácticamente en contacto, las praderas pronto amenazadas; es indispensable esclarecer una primera vez en los primeros cinco años, seleccionando será muy fácil, los árboles más bellos, de cortar también para esclarecer las vías de circulación.

Si analizamos mientras todas las otras respuestas de la encuesta, particularmente las que conciernen a la apertura de las praderas, ya en curso, que se ve grandemente controvertida, está claro que los usuarios parisinos recusan el modelo de espacio verde extensivo de tipo “anglosajón”, con vastas praderas más o menos plantadas de árboles enteramente libres para el público, agua y circulaciones rústicas. A partir de una imagen de fantasía natural, de verdura y de campo, de calma y de expansión, ellos quieren también jardines cultivados, con flores, que plazcan a los ojos al mismo tiempo estructurados para responder a sus necesidades de seguridad, sede de numerosos equipamientos relativamente sofisticados, en una palabra, jardines de calidad.

Es esto lo que mañana debemos darles, con bellos árboles, pero también otros elementos y en la más larga concertación.

IV CONGRESO INTERNACIONAL IFPRA.-Febrero 1996


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