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José Elías Bonells. -Ex adjunto a la Jefatura al Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla

viernes, 9 de septiembre de 2016

Recoleccion y Clasificación de los árboles



HISTORIAS EN VERDE
LOS ARBOLES EN LA CIUDAD
10ª REFLEXION


A lo largo de los siglos han existido muchos acontecimientos que han condicionado la utilización de las plantas ornamentales. Los romanos y los árabes cultivaban plantas propias de huerta y aromáticas junto con algunas plantas ornamentales, las pérgolas con vides de las que recolectaban sus frutos, las higueras, los ciruelos, albaricoqueros, melocotoneros, azufaifos y almendros desempeñaban un papel similar junto con los olivos, árbol mediterráneo por excelencia y utilizado como fuente de aceite para mesa desde hace mil años, eran especies cultivadas. Utilizaron los romanos muchas especies ornamentales, unas propiamente mediterráneas como el ciprés, el pino y otras aromáticas que traían a través de su comercio con Oriente.

Además del olivo (Olea europaea), el almez (Celtis australis), la encina (Quercus ilex), el laurel (Laurus nobilis), así como el algarrobo (Ceratonia siliqua), eran plantas habituales en sus jardines junto con otras como el fresno (Fraxinus angustifolia), el álamo blanco (Populus alba), el chopo (Populus nigra), junto con los almendros (Prunus dulcis), perales (Pyrus communis), manzanos (Malus communis), el ciruelo (Prunus doméstica). y la higuera (Ficus carica).

No faltaban los arbustos, entre los que destacamos el arrayán (Mirthus communis), las lavándulas en sus especies cantueso (Lavándula stoechas), espliego (Lavándula angustifolia), el romero (Rosmarinus officinalis), madroños (Arbutus unedo) y la popular adelfa (Nerium oleander), sin olvidar el autóctono taraje (Tamarix gallica). Sin embargo, utilizaban también los bojes (Buxus sempervirens), arbusto de regiones más húmedas y frías.

No podemos olvidar los rosales trepadores y las vides que utilizaban para cubrir muros y pérgolas, así como plantas aromáticas: la albahaca (Ocinum basilicum), la menta (Mentha spicata), y ornamentales como el lirio (Iris germánica), el acanto (Acanthus mollis), la violeta (Viola odorata) o la azucena (Lilium candidum), junto con alhelíes (Mathiola annua) y conejitos (Antirrhinum majus), sin olvidar los cidros (Citrus médica).

Como podemos observar, muchas de estas plantas son utilizadas hoy en día en la jardinería popular.

Con la invasión árabe, la jardinería tomó otros derroteros. Se orientó más hacia la huerta-jardín y al jardín como zona de recogimiento y meditación, el cultivo de plantas para los sentidos, deleite para la vista, perfumes para el olfato y fuentes y pájaros para el deleite del sentido del oído.


Siguen cultivando encinas, laureles, cipreses, jazmines, espliegos, albahacas, mirtos, e introducen nuevas variedades como el naranjo amargo (Citrus aurantium), el limonero (Citrus limonium), el azufaifo (Ziziphus jujuba), el granado (Punica granatum), el paraíso (Melia azedarach) y otras especies.


Los jardines en el Renacimiento utilizaban tradicionalmente especies mediterráneas junto con algunas especies asiáticas que habían llegado a través de la Ruta de la Seda. Los jardines eran reales, palaciegos y claustrales. En esta época surgieron los grandes descubrimientos a partir de los cuales fueron llegando nuevas plantas desconocidas hasta entonces. Nació entonces el deseo de cultivar especies raras que nos llegaron a través de las expediciones que partieron hacia América desde Andalucía.


En época de Felipe II, el médico sevillano Nicolás Monardes escribe un libro "Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias occidentales" basado en las noticias que le traían los navegantes que allí iban y venían, citando además a 25 especies medicinales, otras de cultivo agrícola. El libro fué traducido en muchos idiomas, conociéndose en Inglaterra como "Noticias jubilosas del Nuevo Mundo" ("Joyful news from a New World").


A Sevilla llegaron plantas y semillas de numerosas especies americanas a través del interés que se tomaron científicos sevillanos como el médico Nicolás Monardes (1.508-1.588), primero con plantas de interés agrícola como el maíz (Zea mais), el pimiento, (Capsicum annuum) el tabaco (Nicotiana tabacum), el girasol (Helianthus annuus) y la patata (Solanum tuberosum).

Monarda - homanajea a Nicolás  Monardes
La introducción se realizaba por el interés de algunos navegantes y soldados, después fueron las órdenes religiosas, entre las que destacaron los jesuitas, franciscanos y agustinos.

Pero fue la Corona española la que financió muchas expediciones botánicas en la exploración de nuevos territorios, en la que se estudiaban las plantas para su posible introducción en España. Fue Carlos III el rey que organizó las más importantes expediciones científicas españolas a América, que siguieron en los reinados de Carlos IV y de Fernando VI.

Hernando Colón (1.488-1.539) cultivó en su jardín situado cerca de lo que hoy es la calle Goles, muchas especies, entre ellas el zapote o ombú (Phytolacca dióica). Otros científicos mantuvieron jardines en los que se cultivaban estas plantas exóticas en Sevilla, correspondiendo con varios eminentes botánicos extranjeros, a quienes enviaba plantas, entre ellas el nardo (Polianthes tuberosa), planta mexicana que dio a conocer por primera vez. Este médico sevillano fue el primero en Europa que tuvo catálogos anuales de sus plantas cultivadas.

imagen de ABC



En Jardines de las Delicias
En esta época existía una gran afición a los jardines botánicos, afición que decayó durante el reinado de Felipe II.

Mueble del Herbario de  J Salvador, por  Jordi Vidal Licencia creative commons
Ya a finales del siglo XVII, Jaime Salvador, en San Juan Despí a orillas del Llobregat, creó un jardín de plantas, en 1.755 en Madrid forma el primer Jardín Botánico verdadero en la Huerta de Migas Calientes, un jardín científico donde se inició la enseñanza de la botánica por Quer y Minuart.

Jardín Botánico Madrid,   FDU - Licencia Creative Commons
Los jardines botánicos se extendieron para albergar las plantas exóticas de las colonias de ultramar, Cádiz, el Puerto de Santa María, Valencia, Cartagena, y principalmente el de la Orotava, donde se aclimataban estas plantas para trasladarlas después, con sumo optimismo a los parques y jardines reales de Aranjuez, la Granja, el Buen Retiro, donde iban pereciendo por la dureza del clima para acoger plantas americanas, aún las que eran cultivadas en las estufas.

Sin embargo, en Tenerife y Valencia prosperaron las plantas traídas de América y Asia.

En los albores del siglo XIX, el Príncipe de la Paz, Manuel Godoy, crea otro jardín botánico en Sanlúcar de Barrameda, éste de vida muy efímera, ya que se destruyó en 1.808 durante la guerra de la Independencia.

En la ciudad de Valencia desde 1.632 existía un jardín botánico en el huerto del Hospital de San Lázaro que finalmente fué trasladado frente el convento de San Sebastián, lugar que ocupa en la actualidad. El clima templado y soleado de Valencia sirvió para aclimatar muchas plantas que llegaban de las Indias para Carlos III. Aquí se pudieron admirar por primera vez la Firmiana simplex (Parasol de China), la Gleditschia triacanthos (acacia de tres púas o acacia negra), la Beaucarnea recurvata de México, la Dracaena indivisa atropurpúrea de Nueva Zelanda, entre otras muchas.


LAS EXPEDICIONES BOTANICAS AL NUEVO MUNDO

Fue en el siglo XVIII el de las grandes expediciones botánicas al Nuevo Mundo que no se habían vuelto a organizar desde Felipe II.

En el reinado de Carlos III fue la época en que más auge tuvieron las artes y las ciencias, el monarca era un gran aficionado a la botánica que había estudiado desde su niñez. En este periodo la flora de nuestra península fue clasificada por Linneo, el Rey fomentaba y favorecía estas aficiones y, a mediados del siglo XVIII partieron las grandes expediciones que habían de explorar América del Sur, se introdujeron cantidad de plantas nuevas debido a la variedad de climas que existían en las enormes posesiones de ultramar, por lo que formaron una de las colecciones de plantas más valiosas del mundo. "Ningún país europeo gastó mayores cantidades para propagar el conocimiento de las plantas". Alexander Humbolt "Essai politique sur le royaume de la nouvelle Espagne".


Las tres grandes expediciones subvencionadas por Carlos III y Carlos IV con el fin de enriquecer las colecciones de plantas formadas en el Jardín Botánico de Madrid, fueron las destinadas a los Reinos de Perú y Chile, la del nuevo Reino de Granada (Colombia) y la tercera que exploró el Reino de Nueva España (México).

Después poco a poco fuimos perdiendo nuestras colonias y una nueva generación de botánicos exploraron las Américas, el Oriente y Oceanía.

Una introducción particular fue la de la chumbera (Opuntia vars.), que comían los navegantes para combatir el escorbuto y cuyas semillas, el higo chumbo, venían pegadas a los bultos de yute que transportaban. Muy difundida en toda Andalucía como cerramiento protector y vallado de fincas, antes de la aparición del alambre de espino.

Parque María Luisa
Otro insigne personaje llegó a Sevilla en 1.816, Don Claudio Boutelou (1.774-1.842), como director de la Compañía de Aguas del Guadalquivir, procedente de los jardines de Aranjuez, donde era director, en la época de las actuaciones del Asistente Arjona, puso en el jardín de las Delicias, un vivero para aclimatar especies americanas muchas de las cuales ahora vemos plantadas en los jardines de la ciudad.

Sin embargo, fue en la Exposición Universal de Sevilla, Expo 92, donde a través del Programa Raíces llegaron a Sevilla más de 500 especies americanas donadas por los países que asistieron a la muestra plantadas, principalmente en el conocido como Jardín Americano, suponiendo para nuestros jardines la operación más importante de su historia en lo que a introducción y aclimatación de plantas americanas se haya realizado.


El pomarosa (Syzingium cumini), el cedro de Cuba (Cedrela odorata), el algarrobo de Chile (Prosopis chilensis), la encina de Virginia (Quercus virginiana), el ahuehuete (Taxodium mucronatum), la Senna corymbosa, etc... Son introducidos como otros muchos son árboles que han venido a ampliar la paleta de especies americanas.

Con anterioridad, y promovido por la Empresa Municipal de Aguas de Sevilla (EMASESA), se creó el Arboreto El Carambolo, de 4 hectáreas, en los terrenos colindantes a la Estación Depuradora de Aguas Potables El Carambolo, donde se plantaron más de 480 especies pertenecientes a 113 familias botánicas que componen una variadísima flora de especies tropicales, subtropicales y mediterráneas, algunas ya cultivadas y otras sólo representadas en este recinto.

Arboreto del Carambolo
El recinto cumple sus funciones educativas, permitiendo actividades formativas desde niveles elementales hasta enseñanzas universitarias, proyectándose hacia la sociedad en un sentido más amplio al gran público, al aficionado, al profesional, al botánico y al jardinero, donde pueden contemplar numerosas plantas aclimatadas a la ciudad que no han sido utilizadas en la jardinería sevillana.

Plantas ornamentales, medicinales, industriales, autóctonas, aromáticas y culinarias, trepadoras y sarmentosas, cactáceas y suculentas, palmáceas, etc... pueden ser observadas y conocidas por los visitantes en este Arboreto.

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